notas

Trump dice que EEUU ya trabaja para controlar el estrecho de Ormuz

El presidente afirma que Washington actúa para limitar la influencia iraní en Ormuz, una ruta por la que pasa cerca del 20% del petróleo mundial según la EIA.

Publicado el 30 de marzo de 2026, 14:02 hs

Trump dice que EEUU ya trabaja para controlar el estrecho de Ormuz

Trump aseguró en una entrevista citada por Canal 14 e Infobae que EEUU 'ya está trabajando' para limitar la influencia iraní y controlar el estrecho de Ormuz. Esa afirmación no es retórica inocua: por Ormuz pasa cerca del 20% del petróleo mundial, lo que la convierte en un punto estratégico crítico para los mercados energéticos y para cualquier cálculo geopolítico (según la U.S. Energy Information Administration, EIA; base: flujo mundial de líquidos, datos 2018, ~21 millones de barriles por día).

¿Qué propone y qué hay de nuevo?

La novedad no es tanto la intención como la forma en que se comunica. Trump anunció una política cuya concreción operacional no detalló, y reclamó que otros países se sumen 'a la campaña'. Desde el punto de vista operativo, Estados Unidos ya mantiene presencia naval permanente en la región: la Quinta Flota, con base en Bahréin, fue restablecida en 1995 y es la responsable de la zona según la US Navy. Decir que 'ya está pasando' equivale a transformar una presencia estable en una narrativa de control activo. Ese salto retórico tiene consecuencias: legitima acciones más intrusivas, facilita coaliciones militares informales y presiona a aliados para que bajen la barrera de entrada al conflicto. Vemos aquí una tensión clásica entre el orden espontáneo de las rutas comerciales y la pretensión de planificación estratégica por parte de un Estado.

¿Es viable y qué riesgos crea el intento de 'control'?

Controlar efectivamente una vía marítima donde circula una fracción tan relevante del comercio energético es costoso y arriesgado. La presencia naval puede reducir algunos riesgos inmediatos, pero también crea incentivos para respuestas asimétricas: ataques a plataformas o a embarcaciones, operaciones de bloqueo por parte de actores locales, o escaladas indirectas mediante proxies. A nivel presupuestario, además, la profundización de compromisos exige recursos continuos. Si la administración mantiene la actual política de apoyo a Israel con ayuda militar anual cercana a 3.8 mil millones de dólares, según el Congressional Research Service (base: MOU 2016), la redistribución de capacidades hacia el Golfo tendrá efectos en otros teatros. No hay diseño estatal que evite por completo consecuencias no intencionadas; siempre hay dispersión del conocimiento y costes ocultos que terminarán pagando actores no consultados.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino y en la economía global?

Un aumento de tensiones en Ormuz tiene efectos directos sobre los precios internacionales del crudo. Dado que alrededor del 20% del petróleo mundial transita por ese estrecho (EIA, datos 2018, base: barriles por día), cualquier interrupción real o percibida tiende a generar primas de riesgo en el Brent y en el petróleo físico. Para Argentina, importador neto de combustibles refinados y expuesto a precios internacionales, eso se traduce en presión sobre la balanza comercial y en mayores costos internos de la energía. En el pasado reciente, la percepción de riesgo en el Golfo elevó precios regionales en plazos cortos; hoy, con mercados más volátiles, la sensibilidad es mayor. La política exterior estadounidense, por tanto, no es un asunto remoto: tiene efectos reales sobre inflación importada, reservas y decisiones de política monetaria en economías abiertas.

¿Qué pedimos desde la gobernanza democrática?

Exigimos transparencia. Cuando una potencia anuncia operaciones con impacto global, corresponde la publicación de datos, protocolos y auditorías independientes sobre acuerdos y provisiones de material militar que involucren a terceros. En el plano doméstico argentino, cualquier alineamiento o venta de equipamiento debe someterse a controles públicos para evitar captura del Estado por intereses particulares. No se trata de ingenuidad: se trata de mitigar la pretensión de conocimiento de quien decide lejos del terreno y de exponer las consecuencias no intencionadas. La historia reciente enseña que las alianzas militares se vuelven engranajes de rent-seeking si no hay información y límites claros.

Concluimos que la afirmación presidencial —'ya está pasando'— debe leerse con dos lentes: geoestratégica, por la importancia objetiva de Ormuz; y institucional, por las preguntas que impone sobre transparencia, costos y efectos accidentalmente dañinos. En ausencia de datos públicos y auditorías independientes la retórica deviene en política opaca y en riesgos sociales que nadie decidió democráticamente.

← Volver a notas