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La mitad del aumento del riesgo país se explica por factores locales

Según cálculos de Max Capital, desde julio el deterioro del riesgo país tiene un componente local tan importante como el externo. El castigo se concentra especialmente en los bonos con vencimiento posterior a 2027.

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Indicador abstracto de riesgo país sobre un mapa de Argentina
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El riesgo país volvió a subir con fuerza en las últimas semanas y el mercado ya no lo atribuye solo a la turbulencia global. Según un informe de Max Capital, desde julio aproximadamente la mitad del deterioro responde a problemas locales, mientras que la otra mitad se explica por el contexto internacional más adverso.

El indicador medido por el EMBI de JP Morgan acumuló un incremento de más de 200 puntos básicos en los últimos tres meses. De ese movimiento, los analistas de Max Capital estiman que unos 100 puntos responden a cuestiones domésticas. El dato es relevante porque marca un cambio de percepción: hasta hace poco la suba se explicaba casi exclusivamente por la crisis en Europa, la incertidumbre en Estados Unidos y el endurecimiento de la política monetaria de la Fed.

¿Qué factores locales explican este castigo? En primer lugar, la demora en la aprobación de la ley de bases y el paquete fiscal en el Congreso generó dudas sobre la capacidad del Gobierno para avanzar con su agenda de ajuste y desregulación. En segundo lugar, las tensiones dentro de la coalición de gobierno y las señales contradictorias en materia de política económica aumentaron la percepción de riesgo político.

Pero el golpe no es uniforme. El informe destaca que el castigo se concentra fuertemente en los bonos con vencimientos posteriores a 2027, es decir, aquellos que caerán bajo cualquier eventual reestructuración futura. Los títulos más cortos, en cambio, se mantienen relativamente estables, lo que sugiere que el mercado no duda de la capacidad de pago en el corto plazo pero sí castiga la incertidumbre sobre el mediano y largo plazo.

Este comportamiento es típico de situaciones donde los inversores creen que el programa económico actual es sostenible por un tiempo pero dudan de su continuidad más allá del horizonte electoral. La deuda posterior a 2027 funciona como un proxy de la confianza en las reformas estructurales que el Gobierno promete pero que aún no logra concretar del todo.

Desde el vamos del mandato de Javier Milei, el riesgo país había mostrado una tendencia claramente bajista, llegando a tocar niveles que reflejaban cierto optimismo sobre la estabilización macroeconómica. Sin embargo, esa mejora se detuvo y luego se revirtió parcialmente. La combinación de un mundo más complicado (suba de tasas, aversión global al riesgo) con fricciones locales (negociaciones legislativas lentas, ruido político) terminó produciendo este rebote.

Para los analistas de Max Capital, el componente local es preocupante porque revela que una parte importante del castigo no se disipará automáticamente cuando se calmen las aguas globales. Será necesario que el Gobierno logre cerrar acuerdos en el Congreso, avance con las reformas pendientes y envíe señales claras de que el ajuste no es solo un parche transitorio sino el comienzo de un cambio estructural.

El mercado, en definitiva, está pagando menos por la incertidumbre externa –que afecta a todos los emergentes– y más por la percepción de que en Argentina persisten obstáculos domésticos que complican el camino hacia la normalización. Si el oficialismo logra destrabar las leyes clave antes de fin de año, parte de ese spread local debería comprimirse. Si no, el riesgo país seguirá siendo un termómetro incómodo que recordará que la batalla cultural y política sigue abierta incluso en los números fríos de la deuda.

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