Cómo resolvió Scaloni la ausencia de Messi y qué mostró la Selección en los amistosos
Entre el peso de un legado irrepetible y la necesidad de encontrar nuevas respuestas, el equipo nacional empieza a darle forma a su próxima etapa sin su capitán histórico.
La ausencia de Lionel Messi en la doble fecha de amistosos frente a Bolivia y Burkina Faso representó mucho más que la baja de un jugador. Fue la primera prueba concreta de cómo la Selección Argentina busca reconfigurarse después del ciclo dorado que culminó en Qatar 2022 y la Copa América 2024.
Scaloni optó por una estrategia pragmática: no intentar reemplazar a Messi con un solo nombre, sino redistribuir roles y responsabilidades. En el partido ante Bolivia, el DT dispuso un mediocampo poblado con De Paul, Mac Allister y Lo Celso, buscando mayor control en el centro del campo. La idea fue clara: generar superioridad numérica en la zona media para compensar la falta de desequilibrio individual que aportaba el 10.
Ante Burkina Faso, el equipo mostró una versión más vertical. Julián Álvarez y Lautaro Martínez compartieron minutos como delanteros, mientras que jugadores como Garnacho y Nicolás González ocuparon las bandas con libertad para desbordar. El resultado fue un equipo más colectivo, que dependió menos de la inspiración de un individuo y más de la coordinación entre líneas.
Desde el punto de vista táctico, la Selección evidenció una madurez interesante. El pressing alto se mantuvo como herramienta principal, pero con una ejecución más ordenada. Sin Messi como punto de referencia en los últimos 30 metros, los volantes debieron tomar mayor iniciativa en la creación. Mac Allister, en particular, creció en su rol de interior con llegada, mientras que Rodrigo De Paul asumió la responsabilidad de distribuir juego desde posiciones más retrasadas.
El balance de estos dos encuentros deja conclusiones provisionales pero valiosas. Primero, que el equipo tiene plantilla suficiente para competir sin su figura máxima, aunque claramente pierde en imprevisibilidad y calidad en el uno contra uno. Segundo, que Scaloni está dispuesto a experimentar con distintas configuraciones ofensivas, algo que fue clave de cara a las eliminatorias y los próximos torneos.
La ausencia de Messi también puso en evidencia la necesidad de definir un nuevo liderazgo dentro del vestuario. Jugadores como Di María (en su despedida), Otamendi y Dybala han asumido roles de referencia, pero el equipo aún busca su nueva voz natural. No se trata solo de quién lleva la cinta, sino de quién genera el respeto y la cohesión que antes se concentraba en una sola figura.
Desde una perspectiva liberal, este proceso resulta ilustrativo. Así como en el orden espontáneo del mercado las soluciones emergen cuando se eliminan las dependencias excesivas de un actor dominante, la Selección parece estar descubriendo que la verdadera fortaleza reside en la coordinación descentralizada de talentos en lugar de la concentración de genio en una sola persona. Scaloni, con su habitual bajo perfil, está gestionando esta transición sin dramatismos ni nostalgia vacía.
Los dos amistosos dejaron también interrogantes. La defensa mostró grietas ante contragolpes rápidos, especialmente cuando los volantes se adelantaron demasiado. El reemplazo de Cristian Romero en la zaga central aún genera dudas, y la falta de un mediocampista de marca pura se sintió en momentos puntuales.
Sin embargo, sería apresurado sacar conclusiones definitivas de dos partidos de preparación. Lo relevante es que el equipo está construyendo una identidad post-Messi que no niega el pasado pero tampoco queda atrapado en él. Scaloni ha entendido que el legado del capitán es irrepetible y, precisamente por eso, la respuesta no puede ser imitativa sino creativa.
La Selección Argentina entra así en una nueva etapa. No es el fin de un ciclo, sino la evolución natural de un equipo que ganó todo y ahora debe aprender a ganar de otra manera. El entrenador rosarino, con su inteligencia táctica y su manejo sereno del grupo, parece el hombre indicado para conducir esta transformación. Los próximos meses dirán si estas primeras respuestas ante Bolivia y Burkina Faso fueron el inicio de algo duradero o solo un bálsamo transitorio ante la enorme ausencia.