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Petro propone inversión forzosa: riesgos para la intermediación y el ahorro

El gobierno propone reasignar recursos bancarios hacia sectores estratégicos; expertos alertan sobre encarecimiento del crédito y menor crecimiento económico.

Publicado el 25 de febrero de 2026, 19:27 hs

Desde el anuncio oficial, la propuesta de inversión forzosa de la administración Petro puso en el centro un conflicto clásico: quién decide el destino del ahorro privado y con qué criterios. Según la nota publicada en Infobae, la medida afectaría a aproximadamente 38 millones de titulares de depósitos (Infobae, 22/02/2026). El Gobierno plantea usar la llamada "cartera sustitutiva" —que hoy captura el 92% de la inversión forzosa— para canalizar recursos hacia agricultura, vivienda y transición energética (Infobae, 22/02/2026).

El Ejecutivo justifica la reorientación en razones concretas: emergencia climática, seguridad alimentaria y la necesidad de corregir destinos que, según el presidente, financiaron actividades depredadoras en el pasado (Infobae, 22/02/2026). Petro afirmó que la figura existe desde 1962 y que la intención es "restituir el sentido de la ley" transferiendo gradualmente la cartera a la banca pública (Infobae, 22/02/2026). Celebrar la orientación social no puede, sin embargo, dispensar preguntas técnicas.

Los críticos técnicos no son menos categóricos. El presidente de Asobancaria, Jonathan Malagón, advirtió que una recaudación inicial de $8 billones —con la meta de llegar a $35 billones a mediano plazo— podría encarecer el crédito y contraer la intermediación financiera (Infobae, 22/02/2026). En números: un incremento de las tasas de colocación entre 50 y 100 puntos básicos, una reducción del crédito disponible en 0,9 puntos y una contracción del PIB en 0,3 puntos, según estimaciones citadas (Infobae, 22/02/2026).

Técnicamente, el mecanismo no usa recursos "propios" del Estado sino el ahorro captado en cuentas y CDT que los bancos colocan en títulos o créditos subsidiados. Eso implica un efecto de oportunidad: esos fondos dejan de estar disponibles para otros préstamos y la intermediación pierde autonomía para evaluar riesgos. Exministros y economistas señalan que, históricamente, la herramienta desde 1962 mostró problemas de eficiencia y direccionamiento ineficaz (Infobae, 22/02/2026).

¿A quién beneficia realmente la medida? Aquí la discusión pasa por incentivos y captura. El Ejecutivo promete priorizar pequeños y medianos productores y proyectos sostenibles. Pero la experiencia internacional y las alertas locales recuerdan que la transferencia de poder a bancos estatales o a lineamientos políticos puede terminar favoreciendo grandes proyectos ligados a proveedores del aparato, o generando créditos poco evaluados que no prosperan. Los datos del propio Gobierno sobre destino de recursos en años previos sugieren concentración en grandes productores, según denuncias citadas por el presidente (Infobae, 22/02/2026).

La afirmación presidencial de que "no toca a los ahorradores" merece una precisión. Es cierto que el depósito nominal permanece; pero la rentabilidad de los productos financieros, el costo del crédito y la disponibilidad de préstamos para consumo o vivienda sí pueden variar. En la práctica, trasladar riesgo y plazo alterará retornos y costos para los usuarios, aun cuando esos efectos sean indirectos (Infobae, 22/02/2026).

Si la medida avanza, exigimos tres condiciones mínimas. Primero, datos abiertos y cláusulas de transparencia: volúmenes, destinos, beneficiarios y tasas de retorno deben publicarse en tiempo real. Segundo, pilas técnicas y evaluación independiente: metas explícitas, criterios de selección de proyectos y auditorías externas que midan impacto real sobre empleo, precios de alimentos y emisiones. Tercero, salvaguardas para la competencia financiera: límites temporales, condiciones de compensación y mecanismos que eviten el crowding-out del crédito privado.

La tensión aquí no es entre "mercado" y "estado" en abstracto, sino entre eficiencia y captura. Celebramos la intención de atender emergencias climáticas y alimentarias; exigimos que esa intención se traduzca en diseño técnico, transparencia y evidencia empírica. Sin esas garantías, la inversión forzosa corre el riesgo de reproducir viejos problemas: menor intermediación, mayores tasas para el ciudadano común y créditos dirigidos por lealtades políticas más que por productividad (Infobae, 22/02/2026).

En definitiva, la discusión debe bajarse de la tribuna y subirse a los números. Si el Ejecutivo quiere que millones de ahorros sean parte de una política pública, que presente análisis de impacto, cronograma, fuentes de compensación y un compromiso público con auditorías independientes. Solo así sabremos si lo que se propone es redistribución eficiente o captura disfrazada de buena intención.

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