notas

OpenAI cierra Sora tras deepfakes, altos costos y caída de uso

OpenAI anunció el fin de Sora, su app de texto a vídeo, luego de picos iniciales, abusos masivos y costes estimados insostenibles, según informes.

Publicado el 27 de marzo de 2026, 14:02 hs

OpenAI cierra Sora tras deepfakes, altos costos y caída de uso

OpenAI anunció el cierre de Sora, su herramienta de texto a vídeo que generaba contenidos hiperrealistas, después de apenas meses de existencia. La aplicación llegó a superar 1 millón de usuarios activos diarios en su primer mes, según datos de Similarweb, pero las descargas cayeron un 70% respecto a su pico de noviembre y los usuarios activos diarios disminuyeron un 34% — según la misma fuente. Además, Forbes estimó que su operación costaba aproximadamente u$s15 millones por día. El cierre, según la empresa, acompaña un repliegue hacia productos considerados más comerciales y manejables.

¿Por qué fracasó Sora?

Vemos tres causas claras e interrelacionadas: rechazo del consumidor, fallas de moderación y economía operativa insostenible. En cuanto al consumo, CNN observó que los vídeos generados por IA desplazan la experiencia social genuina en plataformas basadas en feeds; cuando el contenido se percibe como "trampa", disminuye el engagement orgánico. En moderación, la aplicación fue usada para generar escenas violentas, material sexual no consentido y representaciones irrespetuosas de figuras históricas, lo que obligó a restricciones rápidas sobre figuras públicas vivas y fallecidas.

La dimensión económica terminó de cerrar el círculo: Forbes llevó adelante un cálculo en noviembre que ubica el coste en torno a u$s15 millones diarios, una cifra difícil de sostener para un producto cuyo uso activo se desplomó 34% desde su pico, según Similarweb. La combinación de estos factores explica por qué un lanzamiento espectacular terminó siendo inviable.

¿Qué le enseña esto a la industria y a los reguladores?

El episodio demuestra que la capacidad técnica no equivale a legitimidad social ni a viabilidad económica. OpenAI, que según la nota generó cerca de u$s13.000 millones en ingresos el año pasado y se propone triplicar esa cifra en 2026, según reportes citados, enfrenta una tensión entre inversión en potencia de cálculo y retornos comerciales. Ese objetivo de crecimiento reorienta prioridades: en vez de experimentos de consumo masivo costosos, la empresa vuelve sus recursos hacia modelos más aplicables al trabajo de oficina y herramientas de programación, conforme al reporte del Wall Street Journal.

Para los reguladores, el caso subraya dos urgencias: normas claras sobre deepfakes y responsabilidades de plataforma, y métricas de impacto social que vayan más allá del tráfico. La industria tendrá que internalizar los costos reales de moderación y auditoría, porque los fallos reputacionales y legales tienen efectos económicos directos.

¿Cómo impacta esto en Argentina?

Aunque Sora fue un producto global, sus lecciones llegan a la Argentina de inmediato. Un pico de más de 1 millón de usuarios diarios muestra la velocidad con que contenido fabricado puede diseminarse y permear audiencias locales, lo que aumenta el riesgo de desinformación en campañas políticas y fragiliza la confianza en medios y testigos visuales. Además, las herramientas de detección y verificación que hoy son escasas requieren formación técnica y recursos que no están disponibles de forma homogénea en el país.

Para la esfera pública argentina esto significa que no alcanzan gestos regulatorios ni anuncios simbólicos: se necesita inversión sostenida en oficinas técnicas en organismos reguladores, capacitación de periodistas y acuerdos internacionales de colaboración para detección y sanción de abusos.

Qué debería cambiar OpenAI (y por qué importa)

El retiro de Sora deja en evidencia que la industria debe redefinir prioridades: transparencia sobre límites de uso, auditorías externas de seguridad, y costo real de moderación. Recomendamos tres pasos concretos: 1) publicar métricas de abuso y eficacia de moderación con auditorías independientes; 2) financiar herramientas de verificación y programas de alfabetización mediática en países de habla hispana; 3) redirigir parte de la inversión en I+D hacia soluciones de gobernanza tecnológica.

Sostenemos que el legado práctico de este episodio no es la eliminación de experimentos técnicos, sino la lección de que la innovación responsable exige inversión sostenida en oficio institucional y capacidades de gobernanza, no gestos simbólicos. Sin esas inversiones, los experimentos se vuelven insostenibles o peligrosos para el tejido público.

← Volver a notas