La trampa punitiva: por qué bajar la edad de imputabilidad es cortina de humo
El padre Viola desnuda la hipocresía del debate: el Estado arroja pibes pobres al delito y después los criminaliza sin políticas de prevención.
El padre Pablo Viola, que trabaja territorialmente con jóvenes y personas en recuperación de adicciones, planteó en una entrevista lo que muchos en la batalla cultural prefieren no ver: el debate sobre la baja de la edad de imputabilidad es una cortina de humo que oculta el desfinanciamiento de políticas de prevención. En su centro tienen 250 personas en recuperación; el 80% no terminó el secundario. Ese dato solo ya dice más que mil discursos punitivos sobre "mano dura" con menores.
La discusión pública se centra en respuestas punitivas mientras el Estado y la sociedad arrojan a los pibes —especialmente de sectores vulnerables— al delito, y luego reaccionan con dureza cuando esos pibes hacen algo que no gusta. Viola lo llama hipocresía; nosotros lo vemos como un patrón sistemático de captura del debate: se habla de "adolescentes" pero en realidad se habla de adolescentes pobres de barrios populares.
¿Por qué es más fácil acceder a un arma que a una escuela?
La pregunta del padre Viola es brutal pero precisa: ¿cómo hacemos para llegar antes a la vida de los chicos que un arma? Hoy es más fácil que un pibe acceda al consumo, al narco o a un arma que a la escuela o a un club. Vemos el crecimiento del narcotráfico en los barrios y después nos sorprendemos cuando un adolescente aparece armado. La noticia termina siendo que tenía un arma, no que murió un adolescente.
Esto se usa para justificar leyes y criminalizar a todos los jóvenes, sin abordar los problemas de fondo. El doble estándar es evidente: se desfinancian políticas de niñez, adolescencia y adicciones, pero se propone destinar recursos a perseguir y encarcelar. El dinero existe cuando se trata de punir, no cuando se trata de prevenir.
El fracaso del círculo virtuoso
Viola habla del "círculo virtuoso de la prevención": colegio, capilla y club, las "3C". Un niño más en la escuela es un niño menos en la calle. Pero ese círculo requiere presupuesto, políticas sostenidas, Estado presente. Creer que bajar la edad de imputabilidad o aumentar penas va a resolver los problemas estructurales es una mirada superficial que no aborda la realidad de la infancia y la adolescencia.
Las cifras lo confirman: según el padre Viola, el 80% de las personas en recuperación en su centro no terminó el secundario. La exclusión educativa precede al delito. La pregunta es por qué el Estado fracasa en contener a sus jóvenes antes de que lleguen a ese punto. Y la respuesta es incómoda: porque es más fácil —política y mediáticamente— reaccionar con mano dura que construir políticas de largo plazo.
¿Qué dicen los fenómenos virales sobre la soledad adolescente?
Viola también abordó fenómenos virales como los jóvenes que se autoperciben animales. Su lectura es que ese fenómeno habla de la enorme soledad de los chicos. Si un niño cree que es un perro, lo que muestra es que no hay adultos acompañándolo. Es el fracaso del mundo adulto y del Estado para dar sentido y oportunidades.
Nosotros vemos esto con el mismo patrón: el progresismo celebra la "autodeterminación" y la "expresión de identidad" sin preguntarse qué falla estructuralmente para que un pibe busque identidad en ser un animal. La corrección política impide el diagnóstico; la ideología de género prohíbe decir lo obvio: que hay pibes solos, sin adultos que los orienten, sin instituciones que los contengan.
El círculo vicioso de las leyes simbólicas
Viola cierra con una reflexión demoledora: estas leyes generan la sensación de que estamos haciendo algo, pero en el fondo no hacemos nada. Si hoy la punibilidad es a los 16 y la bajamos a 14, ¿en 20 años qué vamos a hacer? ¿Condenarlos antes de nacer? Es un círculo vicioso que responde al enojo social pero carece de racionalidad.
Todos los que trabajan en los barrios —según Viola— dicen lo mismo: hay que fortalecer la comunidad y llegar antes que la droga y la violencia. Pero eso requiere presupuesto, políticas sostenidas, Estado presente. Y eso es más difícil de vender mediáticamente que un proyecto de ley "duro" contra menores.
Nosotros vemos esto como una batalla cultural perdida de antemano si no se pone el foco en datos, resultados y políticas evaluables. El debate punitivo es funcional a una clase política que prefiere reaccionar al enojo social antes que resolver problemas estructurales. Y mientras tanto, los pibes siguen cayendo.