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Iztapalapa celebra su viacrucis reconocido por la Unesco; celebramos y exigimos transparencia

La alcaldía celebró la 183ª edición del viacrucis después del reconocimiento de la Unesco; celebramos la tradición y reclamamos claridad sobre recursos e intervenciones públicas.

Publicado el 4 de abril de 2026, 20:02 hs

Iztapalapa celebra su viacrucis reconocido por la Unesco; celebramos y exigimos transparencia

Iztapalapa volvió a transformar sus calles en escenario bíblico: la 183.ª edición del viacrucis se realizó este año como la primera desde que la Unesco lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en diciembre de 2025 (según EFE/Infobae). La alcaldía, con 1,83 millones de habitantes, movilizó a más de 2.000 participantes y organizadores confiaron en reunir a más de 2 millones de personas, volviendo así a niveles de asistencia anteriores a la pandemia (según EFE/Infobae). Aquí celebramos la continuidad de una práctica comunitaria centenaria y, al mismo tiempo, advertimos sobre los riesgos de gestión sin transparencia.

Un ritual reconocido, pero ¿de quién?

Vemos en el reconocimiento de la Unesco una doble lectura: por un lado, una validación internacional que preserva memoria y repertorio cultural; por otro, la posibilidad de que intereses externos reconfiguren quién administra el relato. La tradición nació en 1833 como voto comunitario contra una epidemia y, según EFE/Infobae, se formalizó con la primera puesta en escena en 1843, recorriendo los ocho barrios originarios de la alcaldía. Los vecinos repiten que «no pertenecemos a la iglesia, no pertenecemos a la autoridad administrativa; todo es comunitario», pero la visibilidad atrae actores estatales y privados con recursos, contratos y agendas. Si el patrimonio genera flujo de dinero o cesiones de espacios, surge la pregunta de siempre: ¿quién administra y quién se beneficia?

¿Qué cambia para los vecinos de Iztapalapa?

El impacto puede ser muy concreto: turismo, uso del espacio público, contratos de servicios y concesiones. Organizadores esperan más de 2 millones de asistentes en una alcaldía de 1,83 millones de habitantes (según EFE/Infobae); eso implica una presión urbana extraordinaria —en infraestructura, seguridad y limpieza— que suele traducirse en convenios y presupuestos extraordinarios. Volver a los niveles de 2019 puede ser una oportunidad económica para comercios locales, pero también abre la puerta a intermediarios que capten recursos sin consultar a la comunidad. Por eso exigimos que, si el reconocimiento deriva en aportes públicos o privados, se publiquen los expedientes, los convenios y los criterios de asignación: la gente de Iztapalapa no puede ser meramente espectáculo ni moneda de cambio.

¿Quién administra el relato y los recursos? Exigencias concretas

La normalización internacional del evento no exime a autoridades y patrocinadores de rendir cuentas. Pedimos tres medidas mínimas: a) publicación inmediata de cualquier expediente, convenio o financiamiento vinculado al uso del espacio o promoción del viacrucis; b) auditoría pública cuando haya fondos estatales o cesiones de bienes municipales; c) participación garantizada de los ocho barrios originarios en la gestión y en la distribución de beneficios. Estos pedidos no son tecnicismos: nacen de la experiencia de ver cómo un relato comunitario se disuelve cuando entra en juego dinero y aparato. Celebramos la recuperación cultural —la Unesco reconoce una práctica de más de 180 años, según EFE/Infobae—, pero no podemos aplaudir la puesta en valor si no sabemos quién la puso y con qué recursos.

Concluimos: es legítimo festejar que una tradición de Iztapalapa alcance reconocimiento mundial; es imprescindible, en paralelo, exigir transparencia y mecanismos que garanticen que los vecinos sigan siendo sujetos y no objetos de ese reconocimiento. Celebración sí, captura no: la cultura comunitaria resiste cuando se preserva su protagonismo y cuando los papeles están a la vista.

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