El calor golpea al trabajo: 5,5 millones expuestos y 3.832 muertes en 2025
El calor extremo afectó a 5,5 millones de trabajadores en España y provocó 3.832 muertes entre el 16/5 y el 30/9/2025, según MoMo; la respuesta preventiva obliga a cambios y debería activar auditorías públicas.
El calor extremo dejó en 2025 un saldo que ya no puede leerse solo como un fenómeno climático: 3.832 muertes asociadas al exceso de temperatura entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre, un aumento del 87,6% respecto al año anterior, según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo). Paralelamente, más de 5,5 millones de trabajadores declararon haber estado expuestos a temperaturas extremas, lo que equivale al 26% de la población trabajadora en España, según informes del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST).
¿Qué dicen los números y por qué importan?
Los datos no son anecdóticos: la frecuencia e intensidad de las olas de calor subieron con fuerza en 2025. AEMET informó que los episodios de calor extremo aumentaron un 73% respecto a 2024, lo que explica en parte la escalada de mortalidad registrada por MoMo. Cuando combinamos temperatura con humedad, radiación y viento, el impacto sobre el cuerpo humano se multiplica; por eso el INSST trabaja en medidas específicas para el entorno laboral. Además, el 17% de la población activa —unos 3,8 millones de personas según las estimaciones que cita el INSST— trabajó bajo radiación solar intensa, frente a un promedio del 12% en la Unión Europea. Esos números se traducen en menos concentración, más errores y mayor riesgo de accidentes, y no son meras estadísticas: son pérdidas de vidas y capacidad productiva.
Medidas en España: previsión, WBGT y lo que falta
La respuesta técnica existe y avanza: INSST y AEMET presentaron un proyecto para calcular el índice WBGT (Wet Bulb Globe Temperature), que combina temperatura, humedad, radiación y viento para estimar el estrés térmico real. La intención es anticipar golpes de calor y ajustar horarios, pausas y cargas de trabajo antes de que ocurran incidentes. La Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo 2023-2027 reconoce la necesidad de adaptar la prevención al cambio climático, pero el desafío práctico persiste. Muchas pymes no tienen recursos para implementar ropa técnica o reprogramar turnos; los sectores más expuestos —agricultura, construcción, minería y suministros— concentran jornadas al aire libre y alta carga física. La brecha entre la herramienta técnica y su aplicación efectiva en terreno es hoy el principal riesgo operativo.
¿Quiénes pierden y qué efectos en la salud laboral?
No solo se trata de golpes de calor agudos. La evidencia que citan OMS y OIT advierte que trabajar bajo el sol aumenta hasta un 60% la probabilidad de desarrollar cáncer de piel y que, según estimaciones conjuntas, una de cada tres muertes por este cáncer está vinculada a la actividad laboral. Además, el estrés térmico agrava la insuficiencia renal, problemas cardiovasculares y trastornos psicosociales por fatiga y tensión emocional. Esos efectos generan ausentismo, pérdida de rendimiento y costos médicos crecientes. Cuando la prevención falla, paga la economía real: la capacidad productiva de obreros y agricultores se deteriora y los accidentes laborales suben, con el consecuente gasto en salud y en seguros.
¿Qué debe hacer Argentina y por qué exigimos transparencia?
Observamos que la experiencia española ofrece lecciones claras para países con climas calurosos y economías con sectores expuestos. No se trata solo de adoptar una herramienta técnica: exige presupuesto, protocolos, inspecciones y seguimiento público. Exigimos publicación de expedientes, auditoría independiente y debate parlamentario sobre las medidas de prevención, las compras de equipos y la distribución de recursos para proteger a los trabajadores. Si el INSST y AEMET reclaman datos y modelos, aquí también debemos exigir transparencia sobre contratos, pruebas de eficacia y criterios de asignación, especialmente cuando los beneficiarios son pymes y trabajadores informales. La batalla por la seguridad laboral frente al calor no es solo técnica: es política. Vigilancia pública, controles independientes y debate democrático son la única forma de convertir buenas intenciones en protección real para la gente de a pie.