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Día Nacional de los Glaciares: qué dicen los números y qué falta hacer

Los glaciares argentinos sostienen cuencas, biodiversidad y actividades productivas; los datos muestran retrocesos notables y exigen monitoreo, financiamiento y reducción global de emisiones.

Publicado el 20 de febrero de 2026, 20:07 hs

Por qué importan los glaciares

Vemos los glaciares como infraestructura natural: regulan caudales, alimentan ríos y sostienen sistemas productivos y ecosistemas. Según la Subsecretaría de Ambiente de la Nación, esos hielos alimentan 39 cuencas hidrográficas y se distribuyen a lo largo de 3.500 kilómetros de la cordillera, presentes en 12 provincias. El Inventario Nacional de Glaciares del IANIGLA contabiliza 16.968 cuerpos glaciares con una superficie estimada de 8.484 km² (Subsecretaría de Ambiente; IANIGLA). Estos datos no son anecdóticos: más del 36% de la superficie continental argentina depende del deshielo glaciar, según Fundación Vida Silvestre Argentina.

El retroceso y sus cifras

La evidencia reciente es preocupante y numérica. Entre 2000 y 2023, los glaciares perdieron en promedio 273.000 millones de toneladas por año, cifra consignada por informes internacionales y medios como REUTERS en base a datos de la ONU. El Perito Moreno, hasta hace pocas décadas un ejemplo de estabilidad, mostró un retroceso del frente norte de 800 metros entre 2020 y 2024, según un estudio conjunto de científicos argentinos y alemanes; ese desplazamiento contrasta con el largo periodo previo de relativa estabilidad. A nivel climático, la Organización Meteorológica Mundial reportó que 2024 registró una anomalía de temperatura media global de 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales, una referencia que explica la aceleración del derretimiento.

Las cifras importan porque traducen riesgos: variaciones temporales en caudales, menor disponibilidad de agua en sequías y alteración de humedales altoandinos y vegas. Más de la mitad de las especies de vertebrados de Argentina habitan regiones cuya dinámica está ligada al agua de deshielo; una porción aún mayor de especies amenazadas depende de esos aportes hídricos (Fundación Vida Silvestre; Aves Argentinas; WCS Argentina).

Marco legal y capacidad de gestión

Argentina cuenta con instrumentos: la Ley Nacional 26.639 reconoce glaciares y ambientes periglaciares como reservas estratégicas y prohíbe actividades extractivas que alteren su dinámica. El Sistema Nacional de Áreas Protegidas custodia más de 2.000 glaciares en ocho parques nacionales, con el Parque Nacional Los Glaciares concentrando alrededor del 40% de los glaciares catalogados. Sin embargo, la existencia de la norma no garantiza la aplicación ni la capacidad técnica para monitorear cambios rápidos.

El diagnóstico que comparten científicos como el doctor Lucas Ruiz del CONICET es claro: la falta de inversión y políticas coherentes limita la adaptación. En la práctica, esto se traduce en redes de observación incompletas, escaso financiamiento sostenido para campañas de campo y sistemas de gestión hídrica que no articulan datos científicos con decisiones locales y productivas.

Qué medidas son plausibles y urgentes

No hay atajos: la comunidad científica coincide en que frenar la pérdida de masa glaciar exige reducción global de emisiones. Paralelamente, en el plano nacional y regional, proponemos tres ejes de política pública complementarios y técnicos:

  1. Fortalecer y financiar un sistema nacional de monitoreo integrado (satélites, estaciones de campo, modelización hidrológica) con accesibilidad de datos a provincias y usuarios. 2) Implementar planes de gestión del agua que internalicen la reducción futura de caudales por retroceso glaciar: reservas estratégicas, infraestructura flexible y acuerdos interjurisdiccionales que prioricen usos humanos y ecosistemas. 3) Garantizar la observancia efectiva de la Ley 26.639 mediante evaluación ambiental rigurosa y controles independientes.

Estas medidas requieren menos retórica que oficio: fondos pluri-anuales, laboratorios y técnicos formados, y protocolos que permitan traducir datos en decisiones operativas. Defendemos además la autonomía de los institutos científicos y su interacción con comunidades locales y productores, sin subordinarlas a agendas ajenas al conocimiento empírico.

Conclusión

El Día Nacional de los Glaciares vuelve relevantes datos que ya no son prospectivos sino actuales: miles de cuerpos de hielo en retroceso, impactos sobre cuencas que abastecen poblaciones y una ley que no alcanza si no va acompañada de monitoreo y financiación. Observamos que la política eficaz debe combinar mitigación global y adaptaciones locales —y que la defensa de los glaciares exige tanto medidas internacionales como oficio técnico y recursos sostenidos a escala nacional.

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