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Cierran perfumerías por el combo letal: derrumbe del consumo e invasión de importaciones

Un local por mes cierra en cosmética y perfumería. El problema no es solo la recesión: es la competencia desleal de importaciones chinas sin controles.

Publicado el 26 de febrero de 2026, 14:33 hs

El dato concreto: un cierre por mes y 60.000 empleos en riesgo

La Cámara Argentina de Perfumerías informa que cierra una sucursal o casa matriz por mes en el sector de cosmética y perfumería. El fenómeno arrastra desde la pandemia pero se aceleró en 2025 con un combo letal: derrumbe del consumo y avalancha de importaciones sin controles. Según la entidad, están en juego 60.000 puestos de trabajo en todo el país.

El problema tiene dos patas. La primera es predecible: pérdida de poder adquisitivo. Los productos de cosmética y perfumería son artículos no esenciales — los primeros que salen del carrito cuando el bolsillo se achica. La segunda es estructural: competencia desleal de productos importados, principalmente de China, que ingresan por canales informales de comercialización sin pagar impuestos, sin controles sanitarios y a precios que ninguna empresa formal puede igualar.

¿Qué tiene de distinto esta crisis respecto a otras caídas del consumo?

No es solo recesión. Es recesión más desregulación de importaciones en un contexto donde los controles aduaneros y sanitarios brillan por su ausencia. Las plataformas digitales funcionan como autopistas para productos que nunca pasan por ANMAT — la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, que debe aprobar todo cosmético que se venda en Argentina.

La industria local compite con una mano atada a la espalda. Paga cargas sociales, impuestos provinciales y nacionales, cumple protocolos sanitarios, testea productos, invierte en logística formal. Del otro lado, un esmalte de uñas chino llega directo al consumidor por Mercado Libre o Shein a un tercio del precio, sin pagar un peso al fisco y sin ninguna garantía de que no te va a quemar la piel.

La Cámara denuncia que muchos de estos productos carecen de aprobación de ANMAT. Esto no es un detalle burocrático: los cosméticos se aplican directamente sobre la piel y pueden provocar alergias, irritaciones o reacciones adversas graves. Además, se desconoce si fueron testeados en animales — una práctica prohibida en mercados desarrollados pero común en la cadena industrial china.

El doble estándar: exigir y no controlar

Aquí aparece el tema de fondo. El Estado argentino es campeón mundial en exigir cumplimiento regulatorio a las empresas formales. Controles sanitarios, registros, habilitaciones, inspecciones, cargas sociales, impuestos — todo bajo amenaza de clausura o multa millonaria. Pero cuando se trata de controlar lo que entra por Aduana o lo que se vende en plataformas digitales, el Estado mira para otro lado.

La Cámara de Perfumerías reclama que se refuercen los controles en Aduana y en los canales de comercialización informal. Es un pedido razonable pero que choca con un problema político: el gobierno de Milei apuesta a la apertura comercial y la desregulación. No va a poner trabas a las importaciones. Y los controles sanitarios requieren personal, presupuesto e infraestructura — cosas que el ajuste fiscal no permite aumentar.

Entonces, ¿quién paga el costo? Las empresas formales que cumplen las reglas y los 60.000 empleados del sector. La competencia desleal no es un concepto abstracto: es la diferencia entre que una perfumería de barrio cierre o sobreviva. Es la diferencia entre que una familia tenga ingreso o no.

¿Qué habría que hacer?

Primero, reconocer que apertura comercial sin controles sanitarios no es libre comercio — es dumping con riesgo sanitario. Segundo, que ANMAT necesita presupuesto y facultades para controlar lo que se vende en plataformas digitales. Tercero, que las plataformas deberían ser responsables solidarias por los productos que intermedian — como lo son en otros países.

Pero hay un tema más profundo. La industria de cosmética y perfumería argentina no va a competir con China en precio. Nunca. La pregunta es si queremos una economía donde solo sobreviven los que venden lo más barato posible, o si valoramos el empleo formal, la seguridad sanitaria y la capacidad productiva local. No es proteccionismo: es exigir condiciones equivalentes de competencia.

La Cámara habla de "colapso de ventas" y "competencia desleal". No exagera. Cada perfumería que cierra es un local menos en una economía de barrio ya golpeada. Cada puesto de trabajo perdido es una familia que pasa de consumidor a necesitado. Y cada producto sin control que se vende es una ruleta rusa sanitaria que el Estado permite por omisión.

No pedimos subsidios ni protección eterna. Pedimos que se haga cumplir la ley: que todo producto que se venda en Argentina pase por los controles que la ley establece. Que quien vende pague los impuestos que la ley exige. Que la competencia sea en calidad, marca y servicio — no en quién evade mejor. Es lo mínimo que corresponde en una economía de mercado que se precie de serlo.

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