Economía

Lacunza vs. Bausili: la mora del 28% y los límites del “problema entre privados”

El exministro cruzó al titular del BCRA por el fuerte aumento de la morosidad en créditos personales. Más allá de la pulseada política, el dato revela una asimetría de información y el riesgo de haber estimulado el consumo con crédito sin educación financiera.

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Sobreendeudamiento familiar: 4,8 millones con mora y la urgencia de regular el crédito

El 28 % de los deudores argentinos está en mora. Esa cifra, que incluye el 12,8 % del monto total y trepa al 15,5 % si se suman las billeteras virtuales, ya no es un dato técnico: se convirtió en el disparador de un cruce público entre Santiago Bausili, presidente del Banco Central, y Hernán Lacunza, exministro de Economía de Mauricio Macri.

El intercambio en X desnudó dos lecturas opuestas sobre el mismo fenómeno. Bausili insiste en que se trata de un conflicto entre privados y que el BCRA no ha fallado en su rol supervisor. Lacunza responde que el Estado no puede lavarse las manos: un choque automovilístico también es un problema entre particulares, pero igual intervienen policía, ambulancia y juez. El juez no paga los daños con plata pública, pero sí verifica que se cumplan las reglas y facilita acuerdos voluntarios.

La analogía no es casual. Los préstamos personales crecieron 130 % en términos reales durante 2024. Ese salto se dio en un contexto de inflación descendente y expectativas de recuperación salarial que, según Lacunza, pecaron de optimistas. Cuando las proyecciones fallan, la capacidad de repago se deteriora. Y ahí aparece la asimetría clásica: el prestamista sabe más que el tomador. Las cuotas pueden ocultar tasas efectivas muy altas, especialmente cuando la inflación baja y el costo real del dinero se vuelve más visible.

Lacunza no pide que el Estado ponga dinero. Reconoce la integridad de Bausili y afirma que “lo va a resolver sin poner plata del Estado”. Lo que exige es que no se niegue el problema. “Dejar en la banquina a tanta gente no es opción”, escribió. El riesgo es que la morosidad se transforme en un choque en cadena: familias sobreendeudadas, bancos con cartera deteriorada y un consumo que se frena justo cuando el país necesita reactivación genuina.

El debate trasciende la anécdota entre dos funcionarios. Ya llegó al Congreso, donde bloques opositores presentaron proyectos para aliviar el endeudamiento familiar. La Libertad Avanza, por ahora, rechaza avanzar con esas iniciativas. La discusión reproduce un eje clásico del liberalismo argentino: ¿hasta dónde llega la responsabilidad estatal cuando el mercado genera externalidades negativas que no fueron anticipadas?

Desde una perspectiva liberal seria, la respuesta no es subsidiar morosos ni estatizar pérdidas. Pero tampoco es fingir que el problema no existe. La educación financiera brilla por su ausencia en la Argentina. Los bancos compiten por colocar crédito en un mercado donde gran parte de los tomadores no entiende cómo funciona el interés compuesto bajo inflación cambiante. El BCRA tiene herramientas regulatorias para exigir mayor transparencia en la oferta de crédito y para evitar que la euforia pública —o la necesidad electoral— termine cebando a 100 km/h hacia un bache previsible.

El propio Lacunza lo sintetizó con precisión: si antes del “accidente” no hubo educación ni reglas claras, el Estado tiene la obligación de revisar el marco normativo y facilitar acuerdos voluntarios entre las partes. No se trata de volver al populismo crediticio de otras épocas, sino de reconocer que un 28 % de mora no es un detalle menor que se resuelve solo con la mano invisible.

El cruce entre Bausili y Lacunza deja una enseñanza incómoda. La estabilización macro es condición necesaria pero no suficiente. Sin instituciones que reduzcan asimetrías de información y sin una cultura financiera mínima, el crédito puede convertirse en trampa antes que en herramienta de progreso. Resolverlo sin gastar plata del Estado es posible; ignorarlo, no.

Fuente: El Economista

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