Sandra Franzen y el origen de “Maldita”: una obra que desafía las normas de la inmigración argentina
La dramaturga reveló en Ronda de Escritores cómo una escena con un perro callejero en Entre Ríos inspiró su obra ambientada en los años 30 y 40, protagonizada por una mujer que rompe las reglas de su época.
En una charla reciente en Ronda de Escritores (RDEsc), la dramaturga y directora Sandra Franzen desentrañó el proceso creativo detrás de su obra Maldita, una pieza ambientada en la Argentina de las décadas de 1930 y 1940, época marcada por grandes oleadas de inmigración europea.
Lo que comenzó como una anécdota personal durante unas vacaciones en Entre Ríos terminó convirtiéndose en el núcleo dramático de la obra. Franzen contó que presenció una escena en la que un perro callejero era maltratado por un grupo de personas. Esa imagen cruda, casi olvidable para muchos, se le quedó grabada y se transformó en el disparador para construir el personaje central: una mujer que, como ese animal, se rebela contra las reglas impuestas por una sociedad conservadora y jerárquica.
Maldita no es solo una historia de rebeldía individual. Es una mirada profunda sobre cómo la inmigración masiva de principios del siglo XX moldeó las costumbres, los valores y las expectativas de género en la Argentina. En un contexto donde las mujeres, especialmente las de origen inmigrante, debían ajustarse a roles estrictos de esposa, madre y guardiana del hogar, la protagonista se atreve a desafiar esas normas con consecuencias que la sociedad de entonces castigaba con dureza.
Según Franzen, la obra explora las tensiones entre tradición y cambio, entre el deseo de pertenencia y la necesidad de autenticidad. “Esa mujer maldita no es una heroína romántica, es alguien que paga el precio de no encajar”, señaló durante la charla. La inmigración, lejos de ser solo un dato demográfico, aparece como un proceso cultural que generó tanto oportunidades como rigideces inesperadas.
La elección de ambientar la historia en los años 30 y 40 no es casual. Esa época representa el momento en que la Argentina intentaba consolidar una identidad nacional a partir de la mezcla de criollos e inmigrantes. Las familias europeas recién llegadas traían sus propias reglas morales, muchas veces más estrictas que las locales, y las mujeres quedaban atrapadas en esa encrucijada. Maldita pone el foco en esa presión invisible que operaba sobre ellas.
Desde una perspectiva liberal, la obra resulta interesante porque cuestiona cómo las normas sociales, muchas veces justificadas en nombre de la “integración” o la “moral colectiva”, terminan limitando la libertad individual. El personaje central encarna esa tensión clásica entre el individuo y la sociedad: el costo de elegir el camino propio en un entorno que valora la conformidad por encima de todo.
Franzen, con trayectoria en teatro independiente y una mirada atenta a las complejidades humanas, evita el panfleto ideológico. Prefiere mostrar las contradicciones de la época sin demonizar ni idealizar a los personajes. El perro callejero que inspiró la historia funciona como metáfora poderosa: un ser que no pertenece del todo a ningún lado y que, por eso mismo, incomoda.
La charla en Ronda de Escritores dejó en claro que Maldita no es solo una pieza de época. Es una reflexión sobre cuánto hemos avanzado —o no— en materia de autonomía personal y sobre cómo las presiones sociales siguen operando, aunque con otros nombres. En un momento en que la cultura argentina vuelve a debatir identidades, migraciones y roles de género, la obra llega con una vigencia inesperada.