La crisis bancaria de Paraguay y su impacto limitado en Argentina
El colapso de Ueno Bank en Paraguay provocó suspensiones masivas de trabajadores argentinos de ITTI y un fuerte salto del dólar guaraní. Economistas locales descartan un contagio significativo hacia el sistema financiero argentino.
La intervención del Banco Central de Paraguay sobre Ueno Bank, anunciada el 3 de noviembre de 2026, no solo congeló los ahorros de miles de clientes paraguayos y desató un proceso de juicio político contra el presidente Santiago Peña. También dejó en la calle, al menos temporalmente, a alrededor de 1.000 trabajadores argentinos que prestaban servicios de IT a través de la empresa ITTI para el holding Grupo Vázquez.
Pablo Casas y Leandro Vildoza, dos de esos empleados radicados en Buenos Aires, relataron cómo la noticia les llegó primero por los medios paraguayos y luego por un silencio operativo total: reuniones canceladas, canales de Slack y Gmail bloqueados y, finalmente, una suspensión comunicada por mail sin mayor explicación legal. El correo de Kaitel SRL, la firma subcontratada, fue claro: la intervención del BCP sobre Ueno Bank cortó los flujos financieros que sostenían las operaciones del grupo.
Octubre aún no está pago. Las suspensiones alcanzaron incluso a quienes estaban de vacaciones o licencia médica. Los empleados hablan de iniciar acciones colectivas la próxima semana, tanto por los salarios adeudados como por la forma irregular en que se manejó la medida. La cobertura de salud es otra incógnita que genera ansiedad.
El caso expone la fragilidad de un modelo de tercerización regional. ITTI había armado en Argentina su división más grande para dar soporte tecnológico a un banco que prometía “traer a Paraguay lo que ya existía en Argentina”: una combinación de fintech, delivery y movilidad bajo una misma lógica digital. Muchos de los profesionales venían de grandes empresas y creyeron en el proyecto. Hoy se sienten estafados por una dirección que, hasta julio, les pedía recortar gastos mientras negaba públicamente cualquier problema de solvencia.
En Paraguay el impacto macro fue inmediato. El riesgo país subió 25 puntos básicos en pocos días (de 119 a 144) y el dólar se apreció casi 12% desde el 28 de octubre. El guaraní se debilitó de manera abrupta. Sin embargo, los economistas consultados en Buenos Aires coinciden en que el shock tiene escasas chances de propagarse hacia Argentina.
Pablo Repetto, jefe de research de Aurum Valores, señala que el problema paraguayo tiene un componente “muy específico de país”: una alta concentración de depósitos en una sola entidad vinculada a un holding con actividades diversificadas pero frágiles. El sistema bancario argentino, en cambio, está más descentralizado y los bancos locales muestran indicadores financieros sólidos.
Gustavo Ber coincide: no ve riesgo de contagio porque las entidades locales no presentan la misma vulnerabilidad. A diferencia de lo ocurrido tras la elección de Lula en Brasil en 2022, el episodio paraguayo parece contenerse dentro de sus fronteras.
Eso no quita dramatismo a la situación de los trabajadores afectados. Un proyecto que se vendía como ambicioso terminó en suspensiones masivas y salarios impagos. La crisis de Ueno Bank es, sobre todo, un recordatorio de que cuando un banco regional falla, los efectos más visibles suelen caer sobre los eslabones más débiles de la cadena: los empleados tercerizados en países vecinos.
Por ahora, el sistema financiero argentino se mantiene aislado. Pero la historia reciente muestra que en materia de confianza y flujos de capital, las fronteras son más porosas de lo que los análisis técnicos suelen admitir. La vigilancia sobre posibles efectos indirectos en el mercado cambiario local y en la percepción de riesgo regional seguirá siendo necesaria en las próximas semanas.