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Cinco claves para entender las elecciones en Israel

Con los votos contados, ningún bloque alcanza la mayoría en la Knéset. Los partidos árabes y los ultraortodoxos condicionan las negociaciones mientras persisten las preguntas sobre el 7 de octubre, la conscripción y el futuro político de Netanyahu.

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Cinco claves para entender las elecciones en Israel
El Economista Argentina

Las elecciones israelíes del 30 de octubre de 2026 dejaron un parlamento fragmentado donde ningún bloque alcanza los 61 escaños necesarios para gobernar solo. El sistema electoral proporcional, que exige coaliciones complejas, vuelve a poner en el centro de la escena a los partidos árabes y a las facciones ultraortodoxas como árbitros inevitables de la política israelí.

El Likud de Benjamin Netanyahu fue el partido más votado, pero su bloque apenas llegó a 53 bancas. Del otro lado, la oposición liderada por el general retirado Gadi Eisenkot sumó 48. Con 19 escaños en manos de las listas árabes, la negociación que comenzó la próxima semana tras el encargo del presidente Isaac Herzog definirá no solo quién gobernará, sino el equilibrio de poder en los próximos años.

1. La participación récord y el peso de la comunidad árabe-israelí

La participación alcanzó el 77,77%, la más alta en mucho tiempo. Las comunidades árabes, tradicionalmente apáticas, votaron en masa motivadas por el rechazo a un posible nuevo gobierno de Netanyahu y, sobre todo, por las declaraciones racistas del ministro Itamar Ben-Gvir. Esta movilización cambió el mapa.

Mansour Abbas, con su partido Ra'am, logró un resultado destacado al poner en el centro el flagelo del crimen organizado en las localidades árabes y al incorporar como número dos a un ex alto jefe de policía judío. La Lista Unida, más secular y de izquierda, también creció. Ambos espacios reflejan matices distintos dentro de la sociedad árabe-israelí: uno más tradicionalista y otro más laico. Su decisión sobre si entrar o no a un gobierno anti-Netanyahu fue decisiva.

2. El dilema de los ultraortodoxos y la conscripción obligatoria

La pregunta que reaparece elección tras elección sigue sin respuesta: ¿cómo integrar a la población haredí al servicio militar? Judaísmo Unido de la Torá y Shas han bloqueado sistemáticamente cualquier avance mientras integran los gobiernos de Netanyahu. Esta vez Shas sufrió una fuerte caída de cuatro bancas, posiblemente porque parte de su electorado sefardí que sí cumple el servicio militar migró hacia posiciones más cercanas al establishment militar.

La aparición del partido Público Jaredí, aunque no superó el umbral, revela grietas internas en el mundo ultraortodoxo. Su propuesta de incorporar matemática e inglés en las yeshivot y aceptar alguna forma de servicio civil o militar desafía el statu quo rabínico. Estas tensiones internas seguirán condicionando cualquier coalición.

3. El umbral electoral y el poder de los partidos chicos

Con un piso del 3,25% para entrar a la Knéset, los partidos pequeños suelen tener un poder desproporcionado. Sin embargo, la altísima participación diluyó su caudal. Listas como Reservistas-Económico o la de Ofer Winter, que buscaban capitalizar el descontento de los reservistas movilizados desde 2023, quedaron fuera. Esto simplifica pero también endurece las negociaciones: ya no hay tantos actores menores para sumar.

4. Netanyahu, el 7 de octubre y las causas judiciales

Más allá de los números, las elecciones giraron en torno a la responsabilidad por los fallos de inteligencia y seguridad del 7 de octubre de 2023, la corrupción que persigue a Netanyahu y el rol del poder judicial. Ninguno de los dos principales candidatos ofrece una agenda clara para resolver el conflicto palestino en el corto plazo. Tanto Netanyahu como Eisenkot saben que la sociedad israelí priorizó otros temas en esta campaña.

5. La fragilidad de las coaliciones y el riesgo de nuevas elecciones

El bloque pro-Netanyahu no llega a 61 y tiene pocos puentes con la oposición, que se juramentó no gobernar con él. El bloque del cambio tampoco logra acuerdos internos sobre si incorporar a las listas árabes o buscar una unidad nacional sin los ultraortodoxos. Las diferencias entre Ra'am y la Lista Unida respecto al sionismo y la integración complican aún más el rompecabezas.

Mientras tanto, la amenaza de una quinta elección en pocos años planea sobre todos. Lejos de ser un signo de debilidad, esa insatisfacción generalizada y la necesidad permanente de negociar reflejan la vitalidad de una democracia que, en medio de amenazas existenciales, sigue resolviendo sus conflictos en las urnas y en la mesa de negociaciones.

La batalla cultural y política israelí sigue abierta. El resultado de estas negociaciones no solo definirá el próximo gobierno, sino el rumbo que tomará una sociedad profundamente dividida entre su identidad secular, religiosa, judía y democrática.

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