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Vaca Muerta busca su próximo negocio: Pampa Energía pone 800 MW para data centers de IA

Marcelo Mindlin reveló que la compañía cuenta con energía y terrenos en Neuquén para instalar un centro de datos de gran escala. La iniciativa busca convertir el gas no convencional en el combustible de la inteligencia artificial.

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El efecto Vaca Muerta se traduce en pleno empleo en Neuquén
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Pampa Energía salió con una propuesta concreta para el futuro de Vaca Muerta. Marcelo Mindlin, su presidente, afirmó que la compañía dispone de 800 megawatts de capacidad eléctrica y terrenos en Neuquén para desarrollar un data center de escala industrial orientado a la inteligencia artificial.

El anuncio no es casual. Mientras el mundo compite por energía barata y abundante para alimentar la voracidad computacional de los modelos de IA, Argentina tiene en Vaca Muerta una de las fuentes de gas más competitivas del planeta. Transformar ese gas en electricidad y esa electricidad en capacidad de cómputo representa un salto cualitativo: pasar de exportador de commodities a proveedor de infraestructura digital de alto valor.

Mindlin lo planteó con claridad. La empresa ya tiene la potencia disponible y los terrenos listos. Solo falta el cliente. Y ese cliente, en 2026, tiene nombre y apellido: las grandes tecnológicas norteamericanas que necesitan gigawatts para entrenar y correr sus sistemas de inteligencia artificial sin depender exclusivamente de energías intermitentes o de regulaciones medioambientales cada vez más restrictivas en Estados Unidos y Europa.

Desde una perspectiva liberal, la movida es impecable. En lugar de subsidiar industrias ineficientes o de imponer cupos de exportación arbitrarios, se trata de aprovechar una ventaja comparativa natural —gas a bajo costo— para insertarse en la cadena de valor más dinámica del siglo XXI. No se trata de “diversificar” por decreto, sino de seguir la señal del mercado: la IA necesita energía densa, confiable y a precio competitivo. Vaca Muerta puede dársela.

El dato técnico es relevante. Un data center de IA de última generación puede consumir entre 100 y 500 MW de forma continua. Poner 800 MW sobre la mesa significa capacidad para uno o incluso dos proyectos de escala. Además, la cercanía geográfica con las formaciones de shale reduce los costos de transporte de gas y permite pensar en una integración vertical casi perfecta: extracción, generación eléctrica y cómputo en un mismo ecosistema.

Esto no es solo una apuesta energética. Es una apuesta por cambiar el modelo de desarrollo argentino. Durante décadas discutimos si debíamos ser agricultores, mineros o industriales. La discusión del siglo XXI es si podemos ser también exportadores de capacidad computacional y de los servicios digitales que se construyen sobre ella. Un data center en Neuquén no genera solo empleo directo de ingenieros y técnicos; genera un efecto multiplicador en software, ciberseguridad, mantenimiento de infraestructura crítica y formación de talento especializado.

Por supuesto, quedan desafíos. La transmisión eléctrica en la región sigue siendo un cuello de botella histórico. La estabilidad regulatoria es una preocupación permanente para cualquier inversor que piense en comprometer miles de millones de dólares. Y la competencia no duerme: Texas, Arabia Saudita y varios países nórdicos también están armando su oferta de energía barata para data centers.

Sin embargo, pocas jurisdicciones pueden combinar gas de bajo costo, terrenos disponibles y un gobierno nacional que, al menos retóricamente, parece dispuesto a reducir trabas burocráticas. Si la Argentina logra ejecutar bien esta oportunidad, Vaca Muerta podría dejar de ser solo “el yacimiento” para convertirse en la plataforma energética de la nueva economía digital.

Mindlin no habló de subsidios ni de planes estatales. Habló de capacidad disponible y de una oportunidad de negocios. Esa es, precisamente, la diferencia entre un país que crece y uno que se queda mirando cómo pasa la historia. La pelota ahora está en la cancha de las grandes tecnológicas y de un Estado que debe decidir si acompaña con reglas claras o vuelve a interferir con su clásica vocación de entorpecer lo que no entiende.

El próximo negocio de Vaca Muerta podría no ser LNG ni petroquímica. Podría ser, literalmente, inteligencia artificial. Y esa posibilidad merece ser tomada en serio.

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