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Entre Ríos lanza seguro multirriesgo para maíz: subsidio provincial ante el clima adverso

El Ministerio de Desarrollo Económico y Producción de Entre Ríos, junto al IAPSER, implementará un seguro multirriesgo que bonificará el costo para 100.000 hectáreas de maíz, buscando proteger una producción clave para las cadenas de valor provinciales en medio de lluvias persistentes y la incertidumbre de El Niño.

Publicado el 18 de agosto de 2026, 13:15 hs

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El ministro de Desarrollo Económico y Producción de Entre Ríos, Guillermo Bernaudo, anunció la puesta en marcha de un seguro multirriesgo agrícola enfocado en el maíz, una medida que busca mitigar los riesgos climáticos que hoy complican al sector en la provincia.

Según explicó en una entrevista con Canal E, la provincia y el Instituto Autárquico Provincial del Seguro (IAPSER) subsidiarán parte del costo de la póliza para facilitar el acceso de los productores. El programa alcanzará unas 100.000 hectáreas, lo que representa aproximadamente un cuarto de la superficie de maíz que se siembra habitualmente en Entre Ríos.

El anuncio llega en un contexto complicado. Las lluvias persistentes de las últimas dos semanas han dejado los campos en condiciones difíciles, retrasando las siembras y generando preocupación de cara a la próxima campaña. Bernaudo señaló que el fenómeno de El Niño agrega una capa extra de incertidumbre sobre cómo se comportará el clima en los próximos meses.

"El sector agrícola está un poquito más comprometido este año", reconoció el funcionario, aunque diferenció la situación de la ganadería, que atraviesa un mejor momento. El maíz, sin embargo, es estratégico: es la base de cadenas de valor como la avícola, el feedlot, la producción de cerdos y la lechería.

Desde una perspectiva liberal, este tipo de intervenciones estatales genera preguntas inevitables. Si bien el seguro busca transferir riesgos y no se trata de un subsidio directo a la producción, el hecho de que la provincia bonifique parte de la póliza implica una transferencia de recursos de todos los contribuyentes hacia un sector específico. En una provincia con serios problemas fiscales, como la mayoría en Argentina, cualquier gasto debe justificarse con rigor.

El seguro multirriesgo no es una mala idea en sí misma. En países con agricultura moderna, los seguros privados bien diseñados ayudan a gestionar riesgos climáticos sin distorsionar señales de mercado. El problema argentino histórico es que estos instrumentos suelen terminar convertidos en mecanismos de clientelismo o en paliativos que evitan enfrentar problemas estructurales más profundos: alta presión impositiva, retenciones que castigan las exportaciones y un Estado que compite por los mismos recursos que necesita el productor.

Bernaudo también se refirió a la apertura comercial y a las retenciones, temas donde el gobierno nacional ha dado señales mixtas. Mientras se busca avanzar en la desregulación, persisten impuestos que desincentivan la inversión y la producción a gran escala. Un seguro bonificado puede ser un parche útil en el corto plazo, pero no sustituye una reforma impositiva profunda que permita al productor quedarse con mayor parte de lo que genera.

El alcance del programa —100.000 hectáreas— es significativo para Entre Ríos pero limitado en relación al potencial provincial. Representa una apuesta a proteger el cultivo que sostiene buena parte de la industria local. Sin embargo, sería deseable que este tipo de herramientas evolucionen hacia un mercado de seguros privado maduro, donde el Estado actúe solo como facilitador regulatorio y no como subsidiante directo.

Los productores entrerrianos reciben con alivio cualquier medida que reduzca la exposición a eventos climáticos cada vez más erráticos. Pero la verdadera protección de largo plazo para el campo argentino no vendrá de pólizas bonificadas, sino de un marco institucional estable, con menor carga tributaria, apertura comercial real y reglas claras que premien la productividad en lugar de penalizarla.

Mientras tanto, este seguro multirriesgo representa un intento pragmático de acompañar al sector en un año complejo. Veremos en los próximos meses si el instrumento cumple su objetivo o si, como suele ocurrir, se transforma en otro gasto público que se perpetúa más allá de la emergencia climática que pretende resolver.

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