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El establishment cordobés y la grieta económica: Milei enfrenta rebelión en su propio círculo rojo

Roberto Urquía, uno de los empresarios más poderosos de Córdoba, advirtió que los trabajadores no llegan al día 15 del mes. El diagnóstico del dueño de Aceitera General Deheza revela fisuras en el apoyo del sector productivo al programa de ajuste.

Publicado el 19 de agosto de 2026, 13:20 hs

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El círculo rojo cordobés, históricamente hostil al kirchnerismo y favorable a las reformas de mercado, comienza a mostrar señales de hartazgo ante los efectos concretos del programa económico de Javier Milei y Luis Caputo. El testimonio más elocuente llegó de la voz menos propensa a la queja pública: Roberto Urquía, fundador y principal accionista de Aceitera General Deheza, uno de los gigantes del agroindustrial argentino.

En una entrevista inusual para sus estándares, Urquía fue directo: "A los trabajadores no les alcanza para llegar al día 15 de cada mes". La frase, pronunciada en General Deheza, resuena con fuerza en una provincia que combina tradición agroexportadora, pyme industrial y una cultura empresarial pragmática que valora la estabilidad por encima de las banderas ideológicas.

El empresario, que en su momento rompió con el kirchnerismo por las retenciones móviles y renunció a su banca de senador del Frente para la Victoria, no habla desde la nostalgia estatista. Su crítica se centra en la retracción del consumo interno, la falta de envío de fondos nacionales a provincias y municipios, y el impacto visible en comercios y familias que llevan décadas en el mismo rubro. "Esta comunidad es chica y vemos gente que ha trabajado treinta, cuarenta años en un comercio y está preocupada, con deudas y no vendiendo", agregó.

El diagnóstico coincide con el que días antes había formulado Guido Sandleris, ex presidente del Banco Central durante el gobierno de Mauricio Macri y actual referente económico de la Bolsa de Comercio de Córdoba. Ambos coinciden en que la licuación de salarios reales y la fuerte contracción del gasto público están golpeando con dureza el tejido productivo del interior.

Los números de otra empresa emblemática confirman el escenario. Metalfor, la fábrica de tractores de Marcos Juárez, reportó pérdidas por más de 26 mil millones de pesos en lo que va de 2026. Su facturación cayó un 50% respecto al mismo período de 2025 (de 96 mil millones a 46 mil millones) y la producción de máquinas se desplomó un 80%, pasando de 96 unidades a apenas 21. El dato adquiere relevancia política adicional: en septiembre se elige intendente en Marcos Juárez y los libertarios locales decidieron no presentar lista, golpeados por la crisis fabril y el malestar generado por la salida de PAMI de la cobertura de adultos mayores.

Desde una perspectiva liberal, el debate no es si el ajuste era necesario —el déficit fiscal cero y la estabilización monetaria siguen siendo conquistas irrenunciables—, sino si el programa está logrando una recomposición del sector privado con la suficiente velocidad como para evitar fracturas políticas irreversibles. La herencia recibida era catastrófica: inflación desbocada, emisión descontrolada y un Estado que consumía casi el 45% del PBI. Corregir ese rumbo implicaba dolor. La pregunta que el círculo rojo cordobés empieza a hacerse en voz alta es cuánto dolor y por cuánto tiempo.

Urquía no propone volver al populismo. Su mensaje parece ser otro: sin crédito, sin consumo interno y con un Estado nacional que retiene recursos, la capacidad de aguante del sector productivo tiene límites. El riesgo es que la corrección macro termine asfixiando la microeconomía de las provincias que, como Córdoba, generan riqueza real en lugar de depender de la redistribución porteña.

En un país donde el éxito de las reformas depende tanto de la coherencia técnica como del sostén político y social, las palabras de uno de los empresarios más respetados del interior funcionan como alerta temprana. No se trata de una rebelión ideológica, sino de un llamado pragmático: la estabilización no puede ser solo un triunfo contable si deja atrás un desierto industrial y comercial. El gobierno libertario, que llegó prometiendo dinamismo y no solo ajuste, deberá demostrar que el "todo esto pase pronto" de Urquía es algo más que un deseo.

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