CABA se incorpora al Registro Único Tributario y completa la unificación federal
Con la adhesión de la Ciudad de Buenos Aires, las 24 jurisdicciones del país operan ahora bajo una única plataforma para las gestiones del Convenio Multilateral. Se cumple así el compromiso del Consenso Fiscal 2021 y se avanza en simplificación tributaria real.
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires se incorporó formalmente al Registro Único Tributario, completando así la adhesión de las 24 jurisdicciones del país al sistema que unifica las gestiones vinculadas al Convenio Multilateral.
A partir de ahora, las empresas que operan en más de una provincia podrán realizar todos los trámites de distribución de base imponible, presentación de declaraciones juradas y consultas a través de una sola plataforma digital. Lo que antes implicaba múltiples accesos, claves y calendarios distintos pasa a concentrarse en un único punto de entrada.
Este paso cierra un compromiso asumido por las provincias en el Consenso Fiscal de 2021. Durante años, la resistencia de algunas jurisdicciones —incluida la propia CABA en su momento— había impedido la concreción plena del sistema. La demora no era técnica: era política. Cada distrito defendía su cuota de autonomía administrativa y, sobre todo, su capacidad de generar fricciones que terminaban traduciéndose en mayor presión sobre los contribuyentes.
La unificación no es un detalle administrativo. El Convenio Multilateral es el mecanismo que determina cómo se distribuye la base imponible del Impuesto sobre los Ingresos Brutos entre las jurisdicciones donde una empresa desarrolla actividad. Cuando cada provincia exigía su propio portal, el costo de cumplimiento se multiplicaba: más horas de contador, más riesgo de errores, más chances de multas por incumplimientos formales.
Con una plataforma única se reduce drásticamente ese costo. Las empresas ya no tendrán que replicar información ni reconciliar calendarios. El contribuyente gana previsibilidad y el Estado, paradójicamente, gana eficiencia en la fiscalización. Menos fricción no significa menos recaudación; suele significar menos evasión involuntaria y menor litigiosidad.
Desde el punto de vista liberal, este tipo de medidas merecen un aplauso cauteloso. Toda simplificación tributaria que baje el costo de cumplimiento es bienvenida. Sin embargo, conviene no confundir unificación administrativa con baja de presión tributaria. Un sistema más eficiente para cobrar impuestos altos sigue siendo un sistema que cobra impuestos altos.
El verdadero desafío no era técnico, era político: convencer a las provincias de ceder cuotas de soberanía tributaria en favor de un esquema más racional. Que las 24 jurisdicciones hayan llegado finalmente a este punto habla de un cambio de incentivos. La necesidad de mostrar resultados de modernización y la presión de los contribuyentes más formalizados terminaron pesando más que el viejo reflejo de controlar cada palanca recaudatoria.
Queda por ver cómo se comportará el sistema en la práctica. La plataforma deberá ser robusta, los tiempos de respuesta razonables y los criterios de distribución de base imponible transparentes. Si se transforma en un nuevo cuello de botella digital, el beneficio se evaporará rápidamente.
Por ahora, el balance es positivo. Reducir la burocracia que rodea al cumplimiento tributario es una de las pocas reformas que pueden implementarse sin necesidad de cambiar leyes de fondo. No resuelve el problema de la altísima presión impositiva argentina, pero al menos elimina una capa innecesaria de complejidad que castigaba especialmente a las PyMEs y a las empresas que operan a nivel federal.
En un país donde el costo de hacer cumplir la ley suele ser más alto que el de evadirla, cada paso que baje ese costo merece ser registrado. La incorporación de CABA al Registro Único Tributario es uno de esos pasos.