Bullrich puenteó a los Menem y se juntó con Milei
La senadora nacional se reunió a solas con el presidente en Olivos y ratificó su autonomía frente al bloque riojano. El encuentro marca un nuevo capítulo en las tensiones internas del oficialismo.
La senadora Patricia Bullrich se reunió este jueves a solas con el presidente Javier Milei en la residencia de Olivos. El encuentro, que no figuraba en la agenda oficial, se produce en medio de una creciente tensión con el bloque de senadores riojanos liderado por los Menem.
Según fuentes cercanas a la legisladora, Bullrich fue clara en su mensaje: no está dispuesta a subordinar su posición a las demandas del sector menemista dentro de La Libertad Avanza. La exministra de Seguridad ratificó su intención de mantener un perfil autónomo, incluso si eso genera roces dentro de la coalición de gobierno.
El puenteo a los Menem no es un detalle menor. El bloque riojano ha reclamado mayor peso en las definiciones estratégicas del oficialismo, especialmente en materia de seguridad y orden interno, temas que Bullrich considera su territorio natural. La reunión en Olivos parece haber sido la respuesta del presidente a esa pulseada silenciosa.
Este gesto refuerza la lectura de que Milei prefiere mantener canales directos con figuras de peso propio dentro de su espacio, antes que someterse a intermediarios o estructuras partidarias tradicionales. Bullrich, con su trayectoria y base electoral propia, encarna precisamente ese tipo de actor que no depende de una estructura prestada.
La tensión con los riojanos no es nueva. Ya durante las negociaciones por la ley de bases y el paquete fiscal se habían manifestado diferencias de enfoque. Mientras los Menem buscan consolidar un espacio de influencia más orgánico dentro del oficialismo, Bullrich apuesta a un rol más disruptivo y menos atado a lógicas de reparto de poder.
Desde el punto de vista liberal, este tipo de fricciones internas son esperables en un gobierno que intenta romper con décadas de corporativismo político. La autonomía de Bullrich, lejos de ser un problema, puede interpretarse como una saludable señal de que no todos los actores están dispuestos a aceptar disciplinamientos verticales.
El presidente, que ha cultivado un estilo de gestión basado en lealtades personales más que en estructuras partidarias rígidas, parece haber encontrado en Bullrich un interlocutor directo que no requiere pasar por filtros intermedios. Esa dinámica, sin embargo, genera inevitables celos y reclamos de otros sectores del oficialismo que se sienten desplazados.
Hacia adelante, el desafío para Milei será administrar estas tensiones sin que terminen debilitando la cohesión mínima necesaria para avanzar con su agenda de reformas. Bullrich, por su parte, parece decidida a no diluir su identidad política en nombre de una supuesta unidad monolítica.
En un país donde la política tradicional se construyó sobre lealtades de aparato y reparto de cargos, ver a una figura de peso como Bullrich priorizando su autonomía frente al poder es, por lo menos, un dato interesante. Muestra que incluso dentro del oficialismo libertario siguen operando lógicas de poder personal y no solo ideológicas.
La reunión en Olivos deja en claro que, al menos por ahora, Milei valora más la capacidad de Bullrich para generar impacto y mantener un discurso duro en materia de seguridad que los reclamos de equilibrio interno que llegan desde La Rioja. El menemismo, históricamente hábil en las artes del acomodo, deberá readaptarse a un esquema donde el presidente prefiere relacionarse directamente con quienes considera útiles para su proyecto.