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El lado B del rock argentino: cinco álbumes ocultos de sus mayores estrellas

Desde el único disco en inglés de Spinetta hasta las legendarias cintas piratas de Charly García, estas obras olvidadas revelan otra faceta de los íconos del rock nacional.

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El lado B del rock argentino: cinco álbumes ocultos de sus mayores estrellas
Buenos Aires Herald

El rock argentino no se agota en los grandes clásicos que todos conocemos. Detrás de los discos canónicos, que definieron generaciones y llenaron estadios, existe un universo paralelo de obras menos transitadas, experimentos fallidos, grabaciones marginales y proyectos personales que los artistas nunca pensaron en convertir en hits. Estos “lados B” no solo muestran la creatividad desbordante de sus creadores, sino que muchas veces anticipan caminos que la música local tomaría años después.

Uno de los casos más fascinantes es Only Love Can Break Your Heart (1995), el único álbum que Luis Alberto Spinetta grabó íntegramente en inglés. En un momento en que su carrera parecía consolidada en castellano, el Flaco se animó a explorar sonoridades que remitían tanto al folk-rock estadounidense como a su propio universo poético. El disco, editado en formato de casete y con distribución casi artesanal, pasó casi inadvertido para el gran público. Sin embargo, contiene algunas de sus composiciones más delicadas y revela una faceta introspectiva que contrasta con la épica de Invisible o Pescado Rabioso.

Charly García, por su parte, es un pozo sin fondo de material oculto. Entre sus grabaciones más míticas se encuentran las cintas piratas de Piano Bar (1984), registradas en vivo durante las sesiones de prueba en los estudios Ion. Estas tomas, que circularon durante años en copias de mala calidad entre coleccionistas, capturan al García más libre y experimental, lejos de las presiones de la industria. En ellas se escucha cómo el músico va moldeando las canciones que luego se convertirían en himnos, pero también se percibe su fragilidad y su genio desordenado. El bootleg se ha convertido en pieza de culto precisamente porque muestra el proceso creativo en estado puro, sin pulir.

Otro nombre ineludible es Gustavo Cerati. Antes de disolver Soda Stereo y emprender su camino solista, el músico grabó en 1992 un proyecto paralelo bajo el nombre de Plan V, junto a Daniel Melero. El álbum homónimo es un ejercicio de electrónica minimalista y texturas sonoras que anticipa buena parte de lo que Cerati desarrollaría en Bocanegra o Siempre es hoy. Editado con escasa promoción y en un contexto en el que el rock todavía desconfiaba de las máquinas, el disco quedó como un paréntesis extraño en su trayectoria. Hoy suena sorprendentemente actual y demuestra que Cerati ya estaba pensando en el futuro mientras el resto del país bailaba al ritmo del under porteño.

Fito Páez también tiene su cuota de material marginal. Ciudad de pobres corazones (1987) es conocido, pero mucho menos se habla de las maquetas que grabó en 1985 para lo que iba a ser su segundo disco y que terminaron derivando en el controvertido La la la junto a Spinetta. Esas primeras versiones, más crudas y políticas, circularon durante décadas en copias caseras. Escucharlas hoy es entender el grado de tensión creativa que existía entre dos de los mayores compositores del país y cómo esa fricción dio lugar a uno de los discos más extraños y fascinantes de la década del 80.

Finalmente, merece mención el caso de Andrés Calamaro. Antes de convertirse en el ídolo masivo de Alta suciedad, el ex Los Rodríguez registró en Madrid un puñado de demos acústicos que luego se conocieron como Grabaciones encontradas. Estas canciones, a medio camino entre el rock barrial y el bolero, muestran a un Calamaro vulnerable y reflexivo que contrasta con su imagen de rockstar descontrolado. El material, nunca editado oficialmente en su momento, terminó siendo rescatado por fanáticos y hoy permite comprender mejor la evolución que lo llevó de la movida madrileña al éxito continental.

Estos cinco ejemplos no son meras curiosidades para coleccionistas. Son piezas que iluminan los márgenes de la obra de sus autores y que, en muchos casos, contienen ideas más radicales que sus discos oficiales. En un país donde el rock siempre fue mucho más que entretenimiento, los lados B de sus grandes figuras nos recuerdan que la verdadera creatividad suele ocurrir fuera de la luz de los reflectores, en estudios improvisados, cintas piratas y decisiones que en su momento parecieron equivocadas.

Escucharlos hoy no solo es un ejercicio de arqueología musical. Es una forma de entender mejor cómo se construyó el ADN del rock argentino y por qué, a pesar de las crisis, las modas y los cambios tecnológicos, sigue siendo una de las tradiciones culturales más ricas y resistentes de América Latina. Los grandes hits están en las radios; los secretos mejor guardados, en las bateas de los disquerías de usados y en las playlists privadas de quienes todavía buscan la otra cara de la moneda.

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