Milei y la política que lo transforma: de outsider a jugador del sistema
Tres años después de prometer barrer a la casta, el presidente negocia con Macri, busca gobernadores y quiere cambiar las reglas electorales. Un análisis de cómo la política argentina está moldeando al líder libertario de cara a 2027.
Cuando Javier Milei irrumpió en la escena política argentina, su promesa no era solo económica: era cultural y estructural. Venía a hacer obsoleta la forma tradicional de hacer política. “La casta” no era un insulto retórico; era el nombre que le puso al conjunto de intermediarios profesionales, gobernadores, legisladores y operadores que habían convertido el Estado en una máquina de auto-preservación mientras el país se hundía.
No se trataba de jugar mejor ese juego. Se trataba de volverlo irrelevante. Tres años después, la realidad es más compleja. Milei cambió la política argentina, sin dudas. Pero la política argentina también lo está cambiando a él. Con las elecciones de 2027 ya asomando, el presidente luce cada vez más como el jefe de una coalición política convencional. La Libertad Avanza dialoga de nuevo con el PRO de Mauricio Macri. El gobierno necesita gobernadores alineados. Y el mismo líder que construyó su identidad acusando al establishment de manipular las reglas ahora impulsa cambios en esas reglas justo cuando se prepara para competir.
Llamarlo hipocresía es tentador, pero poco útil. Parte de lo que vemos parece más bien un aprendizaje forzoso del oficio. Milei llegó a la Casa Rosada en diciembre de 2023 como un economista libertario con apenas dos años de experiencia legislativa, sin gobernadores propios, con minorías ínfimas en el Congreso y un bloque de legisladores novatos. Esa debilidad era, paradójicamente, su mayor atractivo: había demostrado que se podía ganar sin la maquinaria tradicional.
Gobernar resultó ser otra cosa. Argentina es una república federal. Los gobernadores manejan territorio y recursos políticos. El Congreso no se puede ignorar. Una ley imperfecta que se aprueba con votos de adversarios vale más que la ley perfecta que nunca sale del cajón. Entender eso no convierte a Milei en parte de la casta. Quizás lo convierta en un presidente más efectivo.
Lo más interesante es que ahora tiene algo que no tenía en 2023: poder que vale la pena conservar. Eso cambia la ecuación. El acercamiento al PRO es un ejemplo claro. Durante su ascenso, Milei canibalizó la coalición de centro-derecha que había gobernado hasta 2019. Dirigentes del PRO se pasaban a La Libertad Avanza y no había incentivos para rescatar un partido que parecía destinado a ser reemplazado. La reelección modifica ese cálculo. Se necesitan candidatos, estructuras territoriales, fiscales, operadores en todo el país. No alcanza solo con una ideología.
Algo similar ocurre con los gobernadores. Esas “máquinas provinciales” que Milei denunciaba como la esencia del problema argentino hoy son interlocutores obligados. Nada de eso sería especialmente novedoso si no fuera porque Milei está adaptándose a la política convencional justo cuando su posición se vuelve más frágil. Las encuestas de agosto de la Universidad de San Andrés muestran que el 69% de los consultados está insatisfecho con el rumbo del país y el 61% desaprueba la gestión. Solo el 35% aprueba. Sin embargo, en intención de voto La Libertad Avanza aparece cerca del peronismo: 24% contra 26%.
El descontento con Milei no se traduce en entusiasmo por la oposición. El peronismo sigue dividido, el centro-derecha tradicional quedó vaciado y hay un segmento importante de votantes sin dueño claro. Eso lo mantiene competitivo incluso si sigue siendo impopular.
Donde el cambio se vuelve más inquietante es en la reforma electoral. El gobierno envió en abril un proyecto amplio que toca financiamiento de partidos, cláusula de “ficha limpia”, boleta única y, sobre todo, la eliminación de las PASO. El sistema de primarias simultáneas abiertas es engorroso y caro, eso es innegable. Pero también es una de las pocas herramientas que tiene una oposición fragmentada para ordenar candidaturas y forzar coaliciones. Eliminarlo justo antes de una reelección presidencial merece escrutinio extra.
La forma más limpia de demostrar que el cambio no es oportunista habría sido postergar su vigencia para después de 2027. Nadie lo propuso. El gobierno negoció durante meses con gobernadores y ahora dice que tiene los votos para tratarlo en el Senado antes de fin de mes. La historia de idas y vueltas invita a la cautela.
Todo movimiento disruptivo choca tarde o temprano con instituciones que no puede simplemente dinamitar. Al principio, los compromisos parecen traiciones, los procedimientos parecen obstáculos y los políticos profesionales parecen innecesarios. Cuando los outsiders ganan, descubren que los procedimientos deciden si las leyes salen, que los gobernadores controlan votos clave y que las estructuras partidarias que parecían parásitas resultan útiles cuando hay una elección en el horizonte.
La Libertad Avanza está viviendo exactamente ese proceso. Milei desplazó al macrismo como principal rival del peronismo, absorbió gran parte de su electorado, colocó el equilibrio fiscal en el centro del debate nacional y convirtió ideas libertarias marginales en un programa de gobierno. Son transformaciones profundas.
Pero la transformación fue bidireccional. El Milei candidato casi no necesitaba a la casta. El presidente descubrió que necesitaba el Congreso. El Milei que se prepara para 2027 está descubriendo que también puede necesitar a los gobernadores, a la estructura de Macri y quizás a un nuevo marco electoral.
No hay nada escandaloso en que un político quiera ganar de nuevo, ni en que un presidente aprenda cómo funciona realmente el sistema que administra. Argentina seguramente prefiera un Milei que sabe negociar a uno que crea que ganar una elección le da derecho a gobernar en soledad.
La pregunta decisiva es dónde termina esa educación. Milei entró a la política convencido de que el problema argentino era una clase política demasiado hábil operando la máquina del Estado. Su solución era reemplazarla con outsiders que desmantelarían la máquina. A medida que se acerca 2027, esos outsiders se están volviendo cada vez más hábiles operándola.
Milei cambió la política argentina más de lo que muchos esperaban. La ironía es que la política argentina está demostrando ser igual de capaz de cambiarlo a él.