Los delitos del cuerpo
(fragmentos)
A las cosas
Para que existan
Se las nombra
Dijo
Y se olvidó nombrarla
A las cosas
Para que existan
Se las nombra
Volvió a decir
Y desaparecieron
Las noches de hoteles fugaces
Paseos al borde de un río sin olas
Millones de versos hundidos
En corazones de sombras sin velo
Se desvanecieron
Las borras del café
Y los montevideanos
Los mates lavados compartidos
En alfombras de pisos sin tejado
Se esfumaron retratos
De muertes prematuras
Mujeres de pieles oscuras
Desnudas en lechos carmines
Cigarros sin filtro fumando
Y cuando todo se borró
Sólo permanecieron
La huella de un recuerdo
Y los dientes clavados en la piel
A las cosas
Para que existan
Se las nombra
Insistió el hombre
Y se derrumbaron las montañas
En terremotos de papel
De la mujer urbana
Sin túnel para alcanzar
Las laderas imposibles
Y se derribaron edificios
De color a nube triste
Que cayeron entre ríos
Como puentes improbables
Para cruzar el tiempo
Se acostaron como niños
Tocándose los pies
Mirando las estrellas
De un mundo en ruinas
Que había que nombrar
© Samantha Barendson