La escalera sube hasta el olor de los
ciruelos.
En el patio una afugia hay, un veredal
Que da traspiés entre los árboles
Se adentra pausado un hedor a húmedo
A sabiendas de que ya han muerto de sed
La ilusión y sus venablos.
La escalera incita, subo los ojos
No hay peor mirada que la de adentro
Su hálito que hiere los temores
Y revela lo imprevisto.
Estoy escribiendo mientras descienden presurosos
Los trinos aleves de un pájaro rústico
en mi letra.
La escalera me tienta y le hago caso
Voy subiendo, incómodo, las gradas de la vida.
© Jairo Alberto Castillo Romerin