Acerca de una palabra inútil

Tu crees que la muerte te sucede solamente una vez.
Que hay un signo o dos que la anticipan,
pero no.
Hay una cifra finita de actos que nos acercan al final:
cuando cruzas una ciudad silenciosa en el taxi amarillo
a las 2, 30 de la mañana,
y tienes tiempo de pensar en tu cuerpo que pesa y duele por el cansancio,
y recorres con la mano la humedad de los vidrios,
la textura rota de las calles que se pierden en alguna forma de misterio.
Cuando tomas tu café, presuroso,
y lees en el diario el desastre cotidiano,
como si la guerra, la locura y el hambre fueran cosas
que sólo le pasan a otros.
Cuando amas, o crees que amas, y elaboras el complicado discurso
que te proveerá de un animal tibio en tu cama, en tu mesa,
en los sueños que otros te negaron.
Cuando decides por el vestido rojo, o el vestido negro,
cuando doblas la esquina,
o te ves en el espejo, en que algo, una mueca,
te salva del espanto otra hora más.
Cuando, distraído, eliges un kilo de manzanas,
una fecha para mudarte, la mudanza misma,
hasta el simple acto de levantar una lámpara e iluminar un cuarto,
Todo es una marcha lenta e inexorable hacia tu muerte.
¿Para qué, entonces, necesitas la palabra suicidio?


Acerca de la aceptación o el dominio

De todas formas, es una tranquilidad saberlo.
Hay quienes mueven endiabladamente las piezas del tablero,
quien asienta las manos en la tierra y clama,
quien pregona que el entusiasmo por las rosas y los estorninos
es una forma de evadirse, de ausentarse de esa marcha unívoca.
Hay quien copula por el deseo de imaginarse, por un instante,
la eternidad, y grita y se deshace sin haber alumbrado
un centímetro de sombra o de terror.
Y la carne, entretanto,
atraviesa despacio, segura,
los pasillos oscuros de ciruelos,
las fuentes, donde espejea, entre musgos e insectos,
nuestra propia máscara,
y luego se abisma, en la tierra,
sin tragedia, sólo porque es necesario.

 

© María Elena Annibali

Nac en la localidad de Oncativo, Córdoba, el 19 de Abril de 1978.

Ingresó a la carrera de Letras Modernas, en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Participó en el grupo de arte 'El ojo del Martes', donde se incorporó a la revista "Literaturra". Trabajó como docente de nivel medio, enseñando Literatura en escuelas de la zona, y tradujo obras literarias y ensayos.

Este año ganó el segundo premio del concurso organizado por la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNC, y el primer premio "Letras 2005".  En el género Narrativa, fue premiada en el concurso literario organizado por la SADE, Córdoba. Participó en varias antologías.