El laberinto 3D-M
El laberinto 3D-M estaba formado por gran cantidad de cintas de Möbius, de allí su nombre: 3 Dimensiones Möbius o “3D-M”, por su abreviatura. Los Cébrenis lo habían construido, y lo modificaban permanentemente demoliendo cintas, edificando nuevas, haciendo puentes, desconectando arterias, poniendo obstáculos... en fin, haciendo que su infraestructura dejara de ser la misma a cada momento.
Los Cébrenis eran obreros (y jefes) que sentían fanatismo por el trabajo, debido a que carecían de los vicios humanos que llevan a disminuir el rendimiento laboral. Eran, pues, organismos vivientes que presentaban un comportamiento robótico.
Por la fuerza de atracción que las cintas de Möbius tenían, no había problemas de caerse del laberinto, aún caminando por lo que para nosotros sería el cielo raso. El peligro de esta construcción estaba en los virus que allí habían sembrado (vale decir que en él no residía ningún minotauro). Había virus mortales y virus molestos. Estos últimos rara vez ocasionaban la muerte, pero fastidiaban a quienes los padecían. De los virus que conocemos estaban todos.
Del laberinto de cintas de Möbius sólo se podía salir “con la muerte”, y se entraba (sin querer) al nacer. Era de una perfección tal, que jamás podrá ser superado por ningún otro. Lo más cursi es pensar que con el solo hecho de agregar más dimensiones al mismo se puede hacer más complejo y por lo tanto mejor. ¡Falso! La sencillez del laberinto 3D-M y su arquitectura viva lo hacían especial, superando a modas y tecnólogos que ostentan la última generación en laberintos.
Misteriosamente, por primera vez, alguien “escapó” del laberinto 3D-M: fui yo, por eso puedo contarlo fuera de él. Salir fue fácil, nada más tuve que enfermarme de todos los virus que pude y tratar de contagiar a los Cébrenis. Me convertí en sinónimo de “muerte”, y así, los que no me temían se morían por zonzos. Habiendo conseguido que abandonaran sus obras en mi entorno, pude encontrar la salida. Y aquí estoy, muy enfermo –pero vivo, entre tantos muertos–. Desgraciadamente, hay más Cébrenis que en el laberinto, Cébrenis que al morir vinieron de allí.
Ahora, para distraerme, con una tira de papel he hecho una cinta de Möbius que recorro con el dedo, disfrutando del mágico efecto que ello produce. Por más que quiero no puedo nacer de nuevo, no puedo regresar, sino... ¡Ah!... como regresaría al laberinto 3D-M.
© Alejandro Cafiero Vera
Alejandro
Cafiero Vera
nació en San Nicolás de los Arroyos, provincia de
Buenos Aires, Argentina, en 1980; descendiente de andaluces, se naturalizó
español en 2003.
En 2006 su trabajo La casita del árbol fue seleccionado en el premio “Jeanne Traumnovelle” para integrar la edición de un libro dentro de la colección Los Cuadernos Imposibles; también La maldición de Satur fue seleccionado en el Concurso de Microrrelatos "Literatura Comprimida" del Programa Creación 2006 del Servicio de Juventud Comarca de la Sidra y fue publicado en edición digital. En 2007 sus obras Hasta el orgasmo y ¡Cómo llueve! fueron elegidos en el I Concurso Internacional de Microficción “GARZÓN CÉSPEDES” para ser difundidos en una posible edición. En 2008 Cautivo del invierno fue seleccionado en el I Concurso de Relatos y de Poesía “Clubabuelos” (cuyo tema fue la figura llamada abuelo) para formar parte de la antología “SER ABUELO”, publicada por Literando´s Ediciones; su libro 9 Microrrelatos fue uno de los 23 seleccionados para ser publicados en www.iwith.org en el II Concurso Literario y Tecnológico Sant Jordi -Libros para superar la brecha digital; fue unos de los quince ganadores del Concurso Internacional de Antidefiniciones del Amor / Lo que el amor no es "Garzón Céspedes" 2008, en el que participaron textos de no más de doce palabras, enviados desde quince países.