Siluetas

 

La misma taquicardia de todos los viernes, la acompaña. Sumergida en un oscuro pasillo, se detiene ante la puerta entreabierta. Ingresa en la habitación, donde un cuerpo desnudo la espera, sobre sábanas empapadas de historias.

Desabrocha su vestido y deja que caiga estrepitosamente, estrellándose contra sus caderas. Lo impulsa al suelo con un movimiento de manos urgentes. Finalmente empuja sus zapatos chatos, debajo de la cama.

Se imanta. Gime. Estalla en una lucha húmeda. Y luego desvanece unos segundos en calma.

Inquietada se reincorpora velozmente. Acomoda su ropa. Corrige el cabello. Y deposita dos billetes sobre la almohada.

 

El regreso es calmo. El pulso se normaliza. Ese calzado cómodo favorece la marcha. Su pequeña silueta llega pronto a su casa. Gira las llaves. Se acomoda en el sofá. Respira profundamente y observa al mismo hombre del que está enamorada desde hace un año. El que no voltea ante su presencia. Delineado en una espalda amplia que continúa en brazos perfectamente largos, no quita sus ojos de la televisión. Solamente parece vivo en él su cabello ensortijado que se menea suavemente. Pues una ráfaga ingresa por la puerta del patio.

Inquieta, se aproxima y lo abraza. Navega en su torso unos segundos. Él parece no sentirla.

Celosa de aquel aparato, apreta el botón de apagado, con furia contenida. Y se desliza hacia el rincón de música. Pronto se escucha una melodía lenta. El volumen se eleva gradualmente y las luces descienden su intensidad.

 

Desde la calle, a través de las siluetas que proyecta el ventanal, se la ve bailar lentamente. Relajándose al compás de la melodía. Junto a otra persona, que sentada en una silla… se deja llevar.

© María Celeste Jordán

"Siluetas" fue finalista

en el I Certamen Literario Revista Axolotl.