El mago

 

Hoy han ido las dos a verlo. El viejo Gaspar nunca pensó que eso pudiera pasar. Pero ahí están, separadas la una de la otra por un pequeño escalón. Marta está sentada en el segundo y Olga en el tercero, ambas justo frente a él.

Gaspar simula no haberlas visto y refunde sus manos en el maletín negro que suele hacerle compañía en su jornada laboral. Allí sus manos nerviosas se entretienen con los elementos de sus actos. Sin querer, presa de la ansiedad, termina por regar la baraja, esparciéndola sin orden al interior de la maleta. 

La gente comienza a impacientarse alrededor suyo, a la espera de la función. Una masa de transeúntes mirones se agolpa en las escalinatas que hacen las veces de coliseo improvisado. El sol de mediodía ataca sin piedad.

No hay nada que hacer, el espectáculo debe continuar. Gaspar toma las cartas desrdenadas y se vuelve hacia su público, luciendo una sonrisa de oreja a oreja. La multitud, acostumbrada a sus presentaciones callejeras, aplaude instantáneamente. Durante dos años su magia ha alimentado la ilusión de esa turba desempleada que se arremolina en la plaza día tras día a comentar sus miserias. Y para él, eso es más gratificante que las mismas monedas que recoge al final de sus siete actos.

Sin embargo, hoy las cosas no saldrán bien. La presencia de las dos mujeres irá perturbando poco a poco su concentración, llevándola de la mano error tras error. Las primeras dos veces que falle su magia despertarán risas colectivas, pero a la tercera la chusma se sentirá estafada, burlada. No habrá un cuarto error. Ni el público ni él mismo se lo permitirán. Hoy la presentación del viejo Gaspar terminará más temprano, hoy no habrá monedas, hoy no habrá ilusión.

Disimulando su estado de tensión, Gaspar comienza con el calentamiento verbal que precede a la magia. Halaga a las mujeres de la concurrencia y hace bromas inocentes acerca de los hombres. Todos le responden con sonrisas y más aplausos.

La única preocupación del viejo mago es que ni Marta ni Olga se pongan celosas cuando él pretenda no haberlas visto. Sus piropos siempre han ido dirigidos a ellas, obviamente por separado y en funciones diferentes. Tenerlas juntas le impide dirigirse a la una sin sentir remordimiento hacia la otra. Y halagarlas a las dos en la misma función sería como traicionarlas.

De pronto, justo antes de iniciar el primer acto, piensa en lo peor. ¿Qué pasará al final cuando la magia termine y la gente se disperse? ¿Con qué cara buscará los gestos afectuosos de Olga o de Marta? ¿Y cómo hacerlo sin sentir que está jugando sucio con cada una de ellas?

Han pasado más de cincuenta años desde que era un joven principiante y conoció entre el público a la mujer que sería su esposa. Ahora ella está en casa, preparando el almuerzo, fregando los pisos, engordando como una vaca, muriéndose sin oponer resistencia. Han pasado más de cincuenta años desde la última vez que fue víctima de unos nervios como los que está sintiendo en este preciso momento.

La diferencia es que entonces no falló en ninguno de sus trucos, como sí lo hará en unos instantes. Tal vez se deba a que, cinco décadas atrás, era una sola mujer a la que debía evitar mirar para poder concentrarse.

Hoy Gastón comprenderá que dos mujeres son demasiado para un mago. Lo comprenderá cuando en lugar de dinero recoja burlas, cuando deba guardar las cartas y devolverlas a la maleta en medio de rechiflas inmisericordes, cuando tenga que clavar la vista en el piso para no ver los rostros decepcionados de Olga y de Marta.

Hoy llegará a casa antes de que esté listo el almuerzo, y Gloria, su esposa, se sorprenderá. Luego le preguntará qué ocurrió y se llenará de enojo cuando descubra que por primera vez en casi cincuenta años no hay monedas en el bolsillo de la maleta.

Lo peor es que Gaspar no sabrá qué responder. Aguzado por la pena, preferirá estar solo y en su imaginación hará planes para irse a otro pueblo y así empezar una nueva vida lejos de Olga y de Marta. Luego comprenderá que es imposible y renunciará a la idea mientras toma una siesta.

¿Cómo explicarle a su mujer que perdió la concentración a causa de dos mujeres que ni siquiera le han hablado? ¿Cómo explicarle que ha llegado la vejez?

 

 

© Gabriel López Nieto

"El mago" obtuvo la Quinta Mención

en el I Certamen Literario Revista Axolotl.