Círculo de niebla

Los años y el deseo de olvidar apenas habían logrado carcomer aquella imagen; aquella que le había sido entregada en aquel verano de los trece años cuando  un sueño recurrente le había dejado vislumbrar su muerte.

Ahora tenía dieciseis y se paseaba por un paisaje con la misma disposición que la elaborada en sus sueños. Sin embargo, esta vez no cabía duda de que era real. Algún amiguito del barrio ya le había hablado algo sobre esto del “deyabú”.

 Apenas se divisaban los faroles en un Palermo sumergido por la niebla. El sonido de sus propios pasos, una navaja y un par de peleitas ganadas eran sus únicos compañeros. Casi por error se lo topó en la densidad de la noche. Queriendo renegar del destino tomó su navaja, desenvainó rápido como las circunstancias le habían enseñado y con una certera puñalada fue más que suficiente para derribar aquella sombra. El cuerpo cayó sin resistencia en el barro y al rodar, un farol iluminó su cara dejándola al descubierto. Pobrecito, parecía un inocente niño, como de unos trece años.

© Juan Martín Catelen