Leve aproximación a

El Señor de los Anillos

a través de la correspondencia de J.R.R. Tolkien

 

 

Es muy común que, al encontrarnos con un libro que demuestra la habilidad de su autor, queramos encontrar concepciones que nos ayuden a desentrañar su obra y que nos permitan, al mismo tiempo, acercarnos a él. Pero eso no siempre es posible: generalmente, porque el autor no dejó ningún comentario, o porque los que dejo se perdieron.

Pero en este caso en particular, John Ronald Reuel Tolkien (Toller para sus amigos), nos dejó una extensa explicación a lo largo de los años, a través de la correspondencia que mantuvo con distintas personalidades.

Utilizando como referencia aquellas cartas, expondremos una breve reseña de su concepción literaria y de su mirada a la más famosa de sus obras, El Señor de Los Anillos, intentaremos explicitar sus ideas, resistiendo la tentación de adjudicarle un significado distinto al que él les dio.

 

 

Tolkien:

  • ”...lo «novelesco»  se desarrolla a partir de la «alegoría», y sus guerras derivan aún de la «batalla interior»  batalla interior de la alegoría en la que el bien está en un bando y varios modos de maldad en el otro. En la vida real (exterior) Los hombres están en ambos bandos: lo cual significa una colorida alianza de orcos, bestias, demonios, hombres sencillos naturalmente honestos y ángeles”. (carta dirigida a su hijo Christopher Tolkien el 25/5/1944)

  • ”Y de pronto me di cuenta de lo que era: exactamente lo mismo sobre lo que había intentado escribir y explicar en el ensayo sobre Los cuentos de hadas que tanto me habría gustado que hubieras leído, y creo que te enviaré. Pues acuñe el termino  «eucatástrofe»: el súbito giro feliz en una historia que lo atraviesa a uno con tal alegría que le hace saltar las lágrimas (lo cual, argüía, es la más alta función que cumple un cuento de hadas). Y llegué a la conclusión de que produce su peculiar efecto porque es un súbito atisbo de la Verdad, la entera naturaleza de uno adherida a la cadena material de causa y efecto, la cadena de la muerte, siente un súbito alivio como si un miembro fundamental dislocado hubiera vuelto de pronto a su lugar. Percibe – si la historia tiene «verdad» literaria en el segundo plano (para lo cual debe verse el ensayo)- que así es como las cosas realmente funcionan en el Gran Mundo para el cual esta hecha nuestra naturaleza”. (carta dirigida a su hijo Christopher Tolkien el 7/11/1944)

  • ”El mito y el cuento de hadas, como toda forma de arte, deben reflejar y contener  en solución elementos de moral y verdad (o error) religiosa, pero no de manera explicita, no en la forma conocida del mundo primordialmente «real» [...] Me disgusta la Alegoría –la alegoría consciente e intencional -; sin embargo, todo intento de explicar el contenido de un mito o de un cuento de hadas, debe recurrir al lenguaje alegórico. (Y, por supuesto, cuanta más «vida» tiene un cuento, más susceptible será de interpretaciones alegóricas; al tiempo que cuanto mejor hecha esté la alegoría, mas fácilmente será aceptada como historia) [...] creo que las leyendas y los mitos encierran no poco de «verdad»; por cierto, presentan aspectos de ella que solo pueden captarse de ese modo; y hace mucho se descubrieron ciertas verdades y modos de esta especie que deben siempre reaparecer. No puede haber ningún «cuento» sin caída- todos los cuentos son en ultima instancia acerca de la caída...”. (carta dirigida a Milton Waldman 14/9/1950)   

  • ”Hay, por supuesto, ciertas cosas y temas que me conmueven especialmente. Las interrelaciones entre lo «noble» y lo «simple» (o común, vulgar), por ejemplo. Encuentro especialmente conmovedor el ennoblecimiento de lo innoble. Estoy enamorado (evidentemente) de las plantas y sobre todo de los árboles ...“. (carta a la Houghton Mifflin Co., su editora norteamericana, 5/6/1955)

 

 

El Señor de Los Anillos:

  • ”Elrond simboliza la tradición antigua, y su cara representa la sabiduría común, la preservación reverente de todas las tradiciones referidas a la bondad, el conocimiento y la belleza. No es una escena de acción sino de reflexión [...] Los Hobbits, por supuesto, representan realmente una rama de la raza específicamente humana (ni Elfos ni Enanos) ... se Los representa como en contacto mas intimo con la «naturaleza» (la tierra y otras criaturas vivientes, las plantas y los animales) y anormalmente libres, según lo que es corriente en los humanos, de ambiciones y o la codicia de la riqueza. Se Los hace pequeños (tienen poco mas de la mitad de la estatura de un hombre, pero decrecen con la edad) en parte para exhibir la mezquindad del hombre, del hombre estrecho de miras y poco imaginativo, aunque no con la pequeñez ni el salvajismo de Swift, y sobre todo para mostrar en criaturas de muy escasa potencia física el asombroso e inesperado heroísmo de Los hombres ordinarios «en casos de apuros» [...] En ningún lugar se explica plenamente el lugar de origen de «Los Magos» ... Sus poderes se centran primordialmente en alentar a Los enemigos del mal, y estimular su ingenio y valor para que se unan y resistan. (carta dirigida a Milton Waldman 14/9/1950)

  • ”... los Elfos constituyen ciertos aspectos de los Hombres y sus talentos y deseos, encarnados en mi pequeño  mundo. Tienen ciertas libertades y poderes que a nosotros nos gustaría tener, y en ellos se exhibe la belleza, el peligro y el dolor de la posesión de esas cosas”. (carta dirigida a Peter Hastings Septiembre de 1954)

  • “Gandalf «murió» realmente y se transformo [...] De ese modo Gandalf se sacrifico, fue aceptado, fue  fortalecido y retorno. «Si, ese era el nombre. Yo era Gandalf.» Por supuesto, su personalidad e idiosincrasia sigue siendo las mismas, pero tanto su sabiduría como su poder son muchos mayores. Cuando habla, exige atención; el Viejo gandalf no podría haber tratado del mismo modo a Theoden ni con Saruman. Tiene todavía la obligación de ocultar su poder y de enseñar antes que forzar o dominar las voluntades ...” (carta dirigida a Robert Murray 4/11/1954)

  • “«¿De que se trata todo?». No «se trata de nada», salvo de sí mismo. Por cierto, no tiene intenciones alegóricas, sean ellas generales, particulares o tópicas, morales, religiosas o políticas. La única critica que me molesto fue la de que «no contenía religión alguna» («ni tampoco Mujeres», pero eso no interesa, y no es cierto, de cualquier manera). Es un mundo monoteísta de «teología natural»”. (carta a la Houghton Mifflin Co., su editora norteamericana, 5/6/1955)

  • “El Señor de los Anillos es sólo la parte final de una obra casi el doble de voluminosa en la que trabajé entre 1936 y 1953. (Quise publicarlo todo en orden cronológico, pero resultó imposible)”. (carta dirigida a W.H.Auden, 7/6/1955)

  • “La historia no trata de JRRT en absoluto y en ningún momento trata de ser una alegoría de su experiencia de la vida [...] Denethor estaba teñido de mera política: de ahí su fracaso y la desconfianza que sentía por Faramir. Para él había llegado a ser un motivo primordial la preservación de la política de Gondor tal como era, en contra de otro potentado que se había hecho más fuerte y que debía ser temido y en contra del cual era preciso luchar por esa razón y no porque fuera implacable o malvado [...] En El Señor de Los Anillos el conflicto no se centra básicamente en la «libertad», aunque, por supuesto, ella queda comprendida. Se centra en Dios y Su derecho exclusivo al divino honor. Los Eldar y Los Númenóreanos creían en EL Único, el verdadero Dios, y consideraban una abominación la veneración de cualquier otra persona. Sauron deseaba ser Rey-Dios, y sus servidores lo tenían por tal; si hubiera resultado victorioso habría exigido honores divinos de todas las criaturas racionales y poder temporal absoluto por sobre el mundo entero [...]. El mío no es un mundo «imaginario», sino un momento histórico imaginario de la «Tierra Media», que es el lugar donde vivimos”. (Notas sobre la critica de El Retorno del Rey de  W.H.Auden, fecha aproximada, primeros meses de 1956)

  • “La voz de Saruman no era hipnótica, sino persuasiva. Los que lo escuchaban no corrían peligro de caer en un trance, sino de ponerse de acuerdo con sus argumentos aun estando plenamente despiertos”. (carta dirigida a Forrest J. Ackerman, junio de 1958)

  • “Mi obra no es una «novela», sino un «romance heroico», una variedad literaria mucho mas antigua y del todo diferente”. (carta a Peter Szabo Szentmihalyi, octubre de 1971)

    

© Juan Pablo Lionetti de Zorzi

 

Nació en Trelew, Chubut, entre Mapuches y Galeses el 13 de Noviembre de 1975. A pesar de que su estadía en Tierras Patagónicas fue muy corta (apenas sus primeros seis meses de vida), pareciera ser que el dialecto galés escuchado en sus primeros días de vida le ha calado hondo.

Su niñez fue visitada por Julio Verne y Emilio Salgari. A partir de los dieciocho años se fue convirtiendo, poco a poco, en un ávido lector anglosajón (preferentemente, británicos): Conan Doyle, Chesterton, Dickens y Tolkien fueron sus nuevas compañías, y, a la cabeza de todos ellos, C. S. Lewis. Algunas excepciones son Pedro de Alarcón, L. Castellani e, incluso, ciertas obras de un tal Karol Josef Wojtyla.

Junto con otros “Tolkiendili”, fue socio fundador de los smials Máre Vilyar y Formendor de la Asociación Tolkien Argentina.

Actualmente imparte clases en la Facultad de Derecho de la U.B.A., es miembro del Consejo Editorial de la Revista Telemática de Filosofía del Derecho (Madrid, España) y ha publicado artículos sobre temas tan variados como "Corporate Governance"; "Law and Economics"; "Argumentación Jurídica"; "Lenguaje, Derecho y Economía".

Para él, “un buen escritor tiene un poco de abogado, ya que en representación de su historia, debe alegar en cada página ante un lector imparcial, que vale la pena leer la página  siguiente”.

© Revista Axolotl, Número 8