Hojas amarillas
Llega el otoño y las hojas amarillas del ficus, anticipándose, susurran brisas frescas en nuestro patio, lo transforman en una alfombra de tonos sepia. Y en ese manto de nostalgias por venir nos llaman la atención algunas hojas doradas que brillan más, brillan distinto.
Algunas de esas hojas las hemos convertido en páginas y las presentamos en este número especial de Revista Axolotl. Se trata de tesoros íntimos, bienes preciados que compartimos con mucho placer: la precisión de Battista, certera como una estocada, los guiños cómplices de Sorrentino, las visiones de Gaut vel Hartman, los espacios ausentes de Bellomo, el registro tan personal de Pravisani, Romero y Bagnato.
Pero el otoño no es sólo un territorio de cuentistas y por eso nos hemos reservado algunas hojas para nuestras voces queridas de Karina Sacerdote y Marcelo di Marco. Un tal Ramón Paz nos dejó —al anverso de una hoja de Eva—algunos sonetos chanchos para pasar el invierno.
También en Axolotl tenemos hojas doradas de las otras, de las que no pueden pasarse a simples páginas. Citamos la sabiduría popular cuando decimos “no solo de literatura vive el hombre” y “no es bueno que el Axolotl ande solo”. En el próximo número de Axolotl presten atención al staff, tal vez puedan leer entre líneas que Mariana Alonso y Miguel Sardegna andan en algo. Con un poco de ayuda podrán deducir que (acaso mientras leen esto) los han declarado marido y mujer. Nos gustan los cuentos que terminan con la fórmula de rigor. Ya saben: “... y comieron perdices”.
También queremos felicitar a Demian Yacussi y a Cecilia por el nacimiento de Juan Cruz que llegó en cigüeña a Bariloche hace unos pocos días (con un Axolotl bajo el brazo, sospechamos). Deseamos que los próximos meses de insomnio despierten en Demian más inquietudes literarias y que tome su Vitina.
Disfrutemos de este otoño, de las hojas de oro que tomaron nuestro suelo por asalto. Aquí les dejamos cuentos y poemas ideales para disfrutar al abrigo de las sábanas en ese sopor mágico de antes de dormir, cuando las noches empiezan a venir fresquitas.
Dejémonos arrullar, entonces, descansemos unos meses axolotes y reencontrémonos cuando el frío sea más intenso. Prometemos traerles más palabras, nuevas voces y la pasión de mantener viva la llama.
desde la redacción