Tarnation: la realidad en carne viva

 

 

Hace dos números nos dedicamos a El club de la pelea. En el número anterior, a Richard Kelly, director de Donnie Darko. Las dos obras mencionadas tienen mucho en común: pertenecen a un cine estadounidense al margen de los convencionalismos hollywoodenses (pese a que la de David Fincher fue bancada por Fox), que, aunque no llenaron de dinero a sus responsables, se convirtieron en las obras favoritas de un cada vez más grande grupo de seguidores en todo el planeta.

Todavía más extremo es el caso de Tarnation, ópera prima de (y con) Jonathan Caouette. Tras su exitoso paso por los festivales de cine más importantes, muchos se aventuraron a decir que este sorprendente documental vino a revolucionar lo que conocemos como Séptimo Arte.

Pero, ¿qué es Tarnation exactamente? ¿Y Jonathan Caouette?

 

 

This boy’s life

 

Oriundo de un ambiente de clase media de Texas, un Jonathan de diez años pidió prestada la cámara Súper 8 a un vecino. Así, y durante veinte años, filmó cortos sangrientos, pero —por sobre todas las cosas—, a sí mismo y a su propia familia, constituida por Adolf y Rosemary, sus no muy normales abuelos, y por Renee, una madre que entraba y salía de instituciones mentales.

Sí, la vida del pobre chico era un desastre.

Pero, según el realizador/protagonista: “Al tomar una cámara cuando era niño, descubrí una manera de sobrevivir a la vida que debía enfrentar. Utilicé la cámara como un arma, un escudo y una manera de explicar cómo me sentía en relación con el entorno”.

La secuencia posterior a los créditos del principio sirve para establecer perfectamente los personajes y el tono de la historia. Ahí, al ritmo de una música nostálgica, se relata el noviazgo y casamiento de los abuelos (allá por los ’50); el nacimiento de Renee; la niñez de Renee, quien, de tan hermosa, se convierte en modelo infantil; el día que Renee, de trece años, cayó del techo de la casa y se lesionó las piernas, por lo que no pudo caminar por meses; cómo los padres de la niña, creyendo que la lesión es psicológica, deciden internarla y someterla a tratamientos de electroshock; cómo Renee dejó de ser una persona normal y se entregó a una vida de abusos, consumo de drogas (algunas recetadas, otras autoaplicadas), y el abandono por parte del hombre con el que iba a casarse. Pero en 1972 nació quien parecía su salvación: Jonathan.

Lo que sigue: la juventud de Caouette, entre películas clase B, el descubrimiento de la cultura alternativa y de su orientación homosexual, un trastorno de despersonalización para el que no hay cura, y la siempre difícil relación con la madre. Por supuesto, la cámara registra cada momento, cual diario personal.

De hecho, Tarnation está armada únicamente en base filmaciones caseras (con diferentes tipos de cámara, desde VHS hasta Mini-DV), cortos, fotografías, escenas de El bebé de Rosemary (Rosemary’s baby, Roman Polansky, 1968), grabaciones en cassettes de audio, y hasta mensajes de contestador telefónico. El realizador junto ciento sesenta horas de material grabado por él mismo (ya sea en audio y video), durante más de veinte años.

El resultado: un original y catártico collage autodocumental, autoreality y autobiografía. El director tiene una definición más acertada: “Tarnation es una película sobre la juventud, el arte, la sexualidad, la enfermedad, los Estados Unidos y la supervivencia. También es una carta de amor a mi madre Renee y a todas las madres del mundo”.

En una entrevista, lo definió de otro modo, igual de acertado: “Fue un trip psicodélico por mi mente, una combinación de Willy Wonka, Mi mundo privado (My private Idaho, Gus Van Sant, 1991) y David Lynch”. Es más: la película contiene una cita muy loca al director de Terciopelo Azul (Blue velvet, 1985).

La edición —que Caouette llevó a cabo con el software iMovie, en la computadora Apple de su novio— tiene un estilo afiebrado, alucinógeno, pero siempre coherente con lo que se está contando. Tan arriesgado recurso está vinculado al trastorno de despersonalización que padece el realizador: “Tarnation tiene como fin imitar mis procesos mentales, de manera que el público también pueda sentir como si estuvieran en un sueño viviente, que puede causar miedo y ser intenso, pero también puede ser hermoso y glorioso”.

Todo esto convierte al film en una verdadera experiencia, algo poderoso e inolvidable que te invade los sentidos, y que permite adentrarnos en la mente de Jonathan C.

 

 

Padrinos y festivales

 

Tarnation tiene dos padrinos de lujo: Gus Van Sant y John Cameron Mitchell, el director, guionista y protagonista de Hedwig (Hedwig and the Angry Inch, 2001), de la que hablamos en el Axolotl Cinema del #8.

Pero vayamos un poco más atrás.

Para los veintipico de años, Jonathan Caouette ya estaba instalado en Nueva York, donde se desempeña como actor en teatro, avisos publicitarios para MTV y cortometrajes estudiantiles, además de otros trabajitos para sobrevivir. Él mismo seguía haciendo sus propios cortos. Aprovechando las facilidades del ya mencionado programa iMovie, empezó a armar su gran proyecto épico-autobiografico, pero como un proyecto paralelo y más para sí mismo.

En 2003, surgió la posibilidad de audicionar para un papel en Shortbus, el nuevo film de John Cameron Mitchell. Para tener más chances, Acógete le mostró parte de su proyecto personal. A Cameron Mitchell le partió la cabeza lo que vio y le recomendó terminar la película. Jonathan puso manos a la obra al tiempo que trabajaba como portero de una joyería de la 5ª Avenida. El objetivo consistía en presentarla en el Festival de Cine MIX. Para eso, hizo una revisión de todo el material, sobre todo desde el punto de vista narrativo.

El primer corte duraba dos horas y media. A John C. M. volvió  encantarle, y se despachó con la siguiente frase: “[Tarnation es] una muestra fascinante de documental, biografía y entramado mental, que la hace una de las películas más originales y conmovedoras que se haya visto en mucho tiempo”.

Al poco tiempo, el film llegó a las manos de Stephen Winter, cineasta independiente y director del Festival MIX. Él también lo elogió, y le pidió a Caouette que continuara editándolo para estrenarlo en el festival.  A Winter y Cameron Mitchell, ahora convertidos en productores ejecutivos, se les sumó Van Sant.

De ahí en más, Tarnation (que terminó costando sólo 218,32 dólares, y con una duración definitiva de ochenta y ocho minutos) se convirtió en un fenómeno de festivales, arrancando por Sundance 2004 y siguiendo por Cannes, Los Ángeles, Toronto y Mar del Plata. Ganó como Mejor Documental en LA, por ópera prima en el International Documentary Association, y obtuvo el premio Sutherland en el Festival de Londres, amén de ser nominada en los Gotham Awards y en el Independent Spitirt Awards.

Caouette no lo podía creer. Sobre todo, después de verla con su madre. La gente me abrazaba y hablaba de sus familias: una manera grandiosa, bizarra y bella de empezar una conversación con alguien”.
Actualmente vive con su novio y su madre en el barrio neoyorkino de Queens. Si bien planea seguir filmando, hace poco dijo (¿en broma?): “Espero que [en la joyería]
me contraten de nuevo... ¡tienen una buena obra social!”.
Ya saben: su quieren ver una película diferente, arriesgada, pura honestidad brutal, Tarnation los espera.

Y recuerden que, cómo reza el slogan: “Tu mayor creación es tu propia vida”.

 

 

matiasorta@revistaaxolotl.com.ar

 

 

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© Revista Axolotl, Número 11